Adios, hasta luego.

Abrí la última del libro; el final claro decía...Fin.

No fue suficiente. Reescribí mi vida...reescribí mi historia.



Hasta luego a lo que las letras cuentan.. Hasta pronto.

Algo de Monterroso "El paraiso imperfecto"

Ya que por cuestiones de trabajo no he podido subir texto, aquí les dejo algo de Augusto Monterroso que me parecio genial, digo, para que sirva como referencia literaria.

-Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

UNETE A LA CAMPAÑA "DONA UN LIBRO PARA NIÑOS DE LAS COMUNIDADES RURALES"







Qué tal estimados lectores del colectivo. Por medio de nuestro blog los invitamos a participar en la campaña "Dona un libro para niños de las comunidades rurales". Como muchos de ustedes saben, el año pasado se realizó la campaña "Dona un libro para niños con escasos recursos" del cual recibimos algunos ejemplares para dicho propósito; sin embargo por razones ajenas a nosotros ya no pudimos donarlos a la casa hogar que se pretendía, esto por no ser los suficientes como para hacer la donación, pero actualmente la licenciada en letras Mónica Márquez hecho a andar un proyecto denominado "Leer en el viento" el cual entre sus múltiples propósitos tiene el de ir a las comunidades rurales aledañas a la ciudad de Zamora para promover la lectura, esto junto con el proyecto apoyado por CONACULTA "Libro Bus" el cual trata de en un camión adaptado con miles de libros que recorrerá la república mexicana que de igual forma trata de promover la lectura en lugares de no tan común acceso. En dichos proyectos, más concretamente la semana pasada, se regalaron los libros obtenidos de esa colecta en la población de Ario y Atecucario, como nos fue muy bien, yo (Jaime Garba) pero con el seguro apoyo del colectivo, se decidió hechar a andar esta nueva colecta, para así en las fechas restantes del proyecto seguir dando libros a los niños de estas comunidades, las cuales no están tan familia rizadas con el fenómeno de la lectura, y que sin embargo da mucho gusto ver como se facinan con el mundo de las letras. Para cualquier donación escribanme a mi correo (sr_higginson@hotmail.com) o pueden entregar los libros en el Centro Regional de las Artes de la ciudad en recepción.

"Leer no termina las guerras...
pero sí las evita"
Jaime Garba.

La terapia.

Ahí estaba yo, prefiriendo no pensar en lo sucedido. Me decía mi terapeuta que no era bueno vivir en los recuerdos, al fin y al cabo ya habían pasado, qué estupidez, pagar trescientos pesos por un discurso del todo absurdo. Hubiera preferido conceptos filosóficos incomprensibles a mi mente imprudente para justificar los actos perjudiciales con la cotidiana ignorancia, pero no fue así, y no obstante, tuve que contar todo, claro, sin lujo de detalle requerido, pues el tiempo es oro, por lo menos para el freudiano.
Quise comenzar con el “erase una vez” a lo que él inmediatamente reprendió sobre mi persona comentando que aquello no debía iniciar de tal forma porque se estaba dando tinte narrativo tipo cuento de hadas a la situación. Lo que no comprendió el muy subjetivo era que me refería a que erase una vez, tan sólo una sola vez que me encontraba en tal situación. Yo, un típico estudiante de filología que por mero gusto traía en su mano un libro de Jorge Ibargüengoitia cuyo título pasó al olvido al presenciar la escena. Dama, tez blanca, ojos calmos antípodas de mar muerto y gatos analistas, labios indescriptibles de formas neogeometricas, cuerpo de perfección no contemporánea pero si digna del mismo Rodín. Entró a la biblioteca haciendo a su perfume seductor protagonista del momento. Mis pasos para con Beatriz, la bibliotecaria se contuvieron para admirar el paso firme y concreto de la dama que después y sólo después supe que se llamaba… -Alto, disculpe que lo interrumpa, pero está desviando su relato. Comentó el terapeuta que había cortado de tajo el momento más inspirador. Me detuve un segundo para meditar cómo contar semejante situación que para ese entonces ya había llenado mi pecho de un tremendo suspiro.
-Cuénteme el acto, lo que pasó-. Dijo el terapeuta. Yo me di cuenta en ese instante que el tipo, (y le digo de tal forma porque con dicho morbo tropezó del escalón en el que lo tenía y le causó bajar de rango en mi escala de respeto) quería saber el preciso instante, el clímax, lo primordial, lo que en la entrevista inicial había comentado como mi problema. Realmente no me había dado cuenta de la impresión que causaba dicha cosa en los demás, y sólo hasta ver su cara de lujuria comprendí lo afortunado o enfermo que había sido. Aun así, aunque lo intenté, no pude resumir la historia como él tanto lo deseo.
Se dirigió hacía la sección de geografía, se perdió entre las enciclopedias geográficas y los libros insípidos, que al tenerle entre su atmosfera seguro cobraron vida. La seguí ante la mirada reprobatoria de Beatriz, la que a la distancia seguramente auguraba mi presencia y la que pudo ser alguna invitación, pero el destino, o más bien aquella dama boicoteó el orden cósmico de la razón.
Aquello era una excepción, un milagro, somenthing hard to believe, porque incluso para mí, el momento no representaba ni siquiera una posibilidad. –Míreme. Le dije fuertemente, a lo que le continuó una anotación en el papel prejuicioso que jamás dejó de acusarme de loco. -Soy como ellos, quieto, por lo regular oscuro, para nadie represento algo, pasan entre mí como si fuera, pero no soy, me acarician como lo hacen con ellos, pero me dejan al pensar que no hay nada interesante en mí, y me abandono, me creo la miseria de ser tan esplendido, porque lo soy, lo soy en verdad, qué acaso no lo es Iván Ilich, qué acaso no lo es Víctor Hugo, Virginia Woolf, Wilde… lo son; sin embargo están como yo, abandonados en los rincones de aquel cementerio conocido con un mejor nombre que no cause daños al prestigio de los genios, por esto que le acabo de decir le pido que no me juzgue, sino que entienda.
Yo no existía, y sí no hacía algo en aquel momento hubiera seguido siendo un fantasma aquejador de mi absurda vida. Que Dios me perdone, pero solté a Ibargüengoitia, caminé deprisa, me postré entre esas dos columnas de libros y usurpé el lugar de una puerta. Ahí estaba ella, sorpresivamente mirándome, haciendo con el dedo la trillada seña seductora del come on baby. No sé cómo, pero de pronto, me convertí en un hombre, di dos pasos firmes que seguro resonaron en el lugar, pasos que cimentaron el origen de mi hombría, de mi existencia.
Lo demás, no pude contárselo. Una pausa, tan largar que tuvo que intervenir.
-Siga, siga por favor. El Dr. Padilla ya no pedía, exigía, imploraba que continuará con la historia, pensé que en algún momento éste me golpearía o me ofrecería dinero por saber el desenlace, pero no, por más que hubiese querido no podría haberlo hecho. Me paré, vi el reloj, nos habíamos pasado diez minutos más de la cuenta, hurgué en mi pantalón sacando el dinero requerido, tomé mi saco y abrí la puerta. –Espere por favor, se lo pido, dígame qué pasó. Escuché de quien ya no era un terapeuta sino un público curioso. –No puedo contárselo, no podría por más que quisiera, en realidad no puedo.
Me fui como un maldito traidor, lo sé, pero mi alma se sentía tranquila y enviaba mensajes de prudencia a mis ideas, pues cómo dar fin a algo que no sucedió, cómo darme cuenta de mi patetismo.
Los pasos fueron borrándose con el aire del día, mi bolsillo quedó vació, yo me quedé loco, y mi terapeuta intrigado piensa, que la próxima sesión llegará pronto.

El guía sin dirección.




Muchos me preguntan acerca de mi aversión sobre el que llamaré “semanario Güia”, otros parecen no interesarse en lo absoluto por el tema; sin embargo y después de varios meses de promover la campaña “no lea Güia” me atrevo a mencionar el por qué de dicho conflicto con el que sin duda alguna es uno de los semanarios más longevo, con mayor reconocimiento y mayores lectores probablemente del estado.
En primer lugar debo reconocer que en mis comienzos literarios dicho semanario fue de los primeros medios que publicó mis artículos, poesías, ensayos, escritos y demás textos que por aquellos años (algunos cinco) me atrevía sin premeditarlo a enviar, y si estos germinaban eran gracias al estimado Ernesto Rezéndiz Oikión, quien encargado de la sección “Rebeldía” daba y da espacios a jóvenes para expresar sus letras.
Para mí, publicar en cualquier sitio es signo de admiración para el medio, por apostar a talentos nuevos y sobre todo por incurrir en el riesgo de proponer ideas innovadoras y contemporáneas en diarios que por su herencia están acostumbrados a estilos de redacción algo pasados de moda; claro, no todos, pero si hago este reconocimiento es por el simple hecho de dar la firma y validez a un texto de cualquier loco irreverente que intenta cambiar el mundo con ideas y letras. Con esto, deseo que comprendan que yo respetaba el semanario, hablaba de él maravillas y promovía su compra (que bien puedo decir que unos diez o quince lo compraban gracias a dicho acto, cosa que se traduciría en sesenta pesos que en estos tiempos nadie los regala). Todo estaba a pedir de boca, acostumbraba por lo regular a publicar cada quince días y alternaba con algunos otros medios impresos; sin embargo, y de manera inocente, Güia me parecía el mejor de todos
Con el pasar de los años y en base a una propuesta creada por su servidor y mi amigo Eddie Rojo de crear una revista universitaria, nos planteamos la idea de implementar una sección que conjuntara las labores educativas de los medios superiores con la intención de eliminar la competencia entre universidades y alumnos para potencializar talentos, denominando el proyecto “Zona Universia”. Como para aquellos tiempos la revista independiente que editábamos no tenía mucha difusión, se nos propuso por el contacto de un conocido, hacer la propuesta al subdirector del semanario (el cual omito el nombre por razones de confidencialidad, cualquier semejanza con alguno de los personajes de Herman Hesse no es mera coincidencia). En un principio dicho sujeto se mostró impresionado por el interés de dos jóvenes por crear un proyecto que involucrara el semanario, haciendo un discurso que después descubrimos de lo más hipócrita donde hacía semblanza de la libertad de expresión y de la jactación de Güia como uno de los pocos medios sinceros de esta región. Fue así que comenzamos nuestra labor en la sección Universa, planteándonos metas ambiciosas y trabajando con esfuerzo al igual que calidad.
Entregamos algunos tres artículos, los cuales gustaron a sobre manera, recibiendo halagos cada que eran entregados, incluso llegando a desplazar los artículos tan vánales y en muchas veces parecidos bajados de internet por la recién homenajeada [1]Susana Calderón. Todo pintaba bien, hasta que un día gracias a la brillante idea de Rojo (no es sarcasmo), escribimos un artículo basándonos en la base del pensamiento de la novela de Milan Kundera “La insoportable levedad del ser”, nuestro error, y ahora que lo veo en retrospectiva, que tremendo error, fue el de hacer la analogía entre Dios y el hombre, donde el autor dice que si el hombre esta hecho a imagen y semejanza de Él, entonces también tendría por ende de igual forma defecar. Recuerdo que a Amparo Solís, quien era a la que le entregábamos los artículos le pareció un titulo muy tentativo y agradable a simple vista. Lo que sucedió después, ya es historia. El artículo jamás se publicó, nunca recibimos respuesta alguna y no volvimos a ver publicado otro escrito en el semanario. Sólo después comprendimos que fuimos unos estúpidos al haber hecho escrito semejante, sobre todo por que dicho semanario es de carácter religioso. Al hacer el escrito no pretendíamos ofender o herir la susceptibilidad de dicho medio escrito, por el contrario, deseábamos realizar un texto que como la novela, tuviera un carácter filosófico, pero con el sentido práctico que pretende su interpretación, en esencia se logró, pero sin lo primero.
Como toda persona que se dedica a escribir, tanto Rojo como yo, éramos conscientes de que si por algún motivo el texto enviado no era del agrado o no compaginaba por cualquier cosa con la ideología del semanario, no lo tomaríamos como algo personal, pero esto se convirtió en tal, cuando sucedió lo siguiente. Al ver que no se publicaba el texto y al darnos cuenta del error cometido, se enviaron, por su servidor una serie de correos electrónicos disculpándonos por lo acontecido y reiterando en varias ocasiones que este incidente no se volvería a repetir y donde también comentábamos la intención de seguir con la sección. En un principio recibimos respuestas de carácter evasivo, mismas que fueron disminuyendo hasta convertirse en nulas respuestas a las peticiones de seguir publicando, ya que para determinado tiempo, enviamos un par de artículos que tras su revisión, no contenían algún aspecto que reincidiera con lo ya hecho.
El coraje fue tal por varios aspectos, uno, la incongruencia del discurso de Wagner sobre el futuro del periodismo en la ciudad, donde decía que actualmente no hay personas que apuesten por un periodismo sincero y que sin ello, no habrá sucesorias a los puestos que con el tiempo se abrirán ante la jubilación de los periodistas añejos. Dos, la censura, no del artículo, sino del diálogo entre ambas partes ante la discrepancia de ideas, y sobre todo ante el hecho de haber sido vetados sin siquiera la explicación, que aunque lógica, merece todo aquel que expone una duda o inconformidad. Y tres, sentir la decepción hacia uno de los medios que más quise y que para mí representó plataforma para poder ser leído no sólo en Zamora sino en muchas partes de la región.
Güia está constituido por personas de una capacidad indiscutible, sus artículos aunque en la mayoría y en sólo en secciones repetitivos, vienen a aportar semana con semana información que difícilmente en otros medios encontraremos, aportando de mayor forma información práctica, económica, política y cultural que otros medios de la ciudad que sustentan sus ventas en la famosa nota roja. Sin embargo, personalmente esto no sirve de nada si el semanario esta liderado por dos personas (porque faltaría hablar de la opinión sobre el director de Güia, cosa que ocupa otro artículo) incongruentes que son la mil realidad de lo hipócrita, y aunque me gane el descontento de más de alguno que afiliado a dicho medio impreso, tengo que hacer presente el disgusto que estará en mí por el resto de mis días.



[1] La critica a los artículos de la Sra. Calderón no tienen involucramiento o algún tipo de relación con la labor tan loable y respetable que ha realizado hacía las bibliotecas publicas de la ciudad y en las cuales ha colaborado.

Despedida. Alejandro Aura.


Como no he tenido oportunidad de publicar por cuestiones de tiempo, os dejo con este poema de uno de los mejores escritores contemporáneos de México que murió recientemente el 31 de Julio del Año pasado. Alejandro Aura, excepcional



Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,pedir los abrigos y marcharnos,aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;se quedarán los demás, que cada vez son otros y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,también el hueco de nuestra imaginación se queda para que entre todos se encarguen de llenarlo,y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo y luego, sin rencor, deja de estarlo.
¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra, eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas en el que el tiempo se mueve tan despacio que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.
Lo que queda no hubo manera de enmendarlo por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,ya estaba medio mal desde el principio de las eras y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,de modo que se queda como estaba, con sus millones,billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.Nos vamos. Hago una caravana a las personas que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

Madame don pedro

Don Pedro subió las escaleras una a una mientras un ligero pensamiento cubrió su cuerpo, el ritmo cardiaco volvió a ser normal, su mirada agitada ya estaba calmada. Se abrió la puerta, ahí estaba la salida, a dos metros el pavimento, su cartera vacía. Una voz le seguía a toda velocidad, sólo había un balcón de por medio, él no era un atleta, lo pensó, lo sabía, lo afirmó. No importó nada. Su cuerpo se precipitó seis metros con velocidad increíble. Un grito detrás.
El encabezado triste, un muerto, un robo, una prostituta fugitiva.

EL DOLOR AJENO... TAN MIO, TAN SUCULENTAMENTE MIO. YOSHIRO GLZ Y JAIME GARBA

Este texto lo escribí hace unos meses con un gran amigo del D.f, es versión sin editar.
Cuántos escalones tuve que subir para llegar al departamento. No es que aborreciera las matemáticas, es que el tedio del camino constituyó todo un pensamiento divergente. Continué prolongando el destino hasta que llegué a la puerta con el número 15. Toqué el timbre, pronunció un tono tan patético que rogué que callara de inmediato. Pasaron algunos ochos segundos, el terrible sonido aun no terminaba cuando se abrió la puerta; ahí estaba, sus cabellos rubios artificiales se presentaron ante mí. Quedé estático, su horrible cabellera no me permitía centrarme en sus perfectos senos. Sacudí mi cabeza de izquierda a derecha como si un animal tedioso cubriera mi rostro, la miré nuevamente y, esta vez, observé esos dos pedazos de piel colgados sobre su cuerpo, —¡Qué senos!— exclamó mi mente perdida de todo el sentido de su misión. Ya era ganancia, por lo menos mi mente ya no se centraba en análisis de aquellos rubios, falsos y desalentadores cabellos.
— ¡Ángel!— gritó al mirarme frente a su vieja puerta desvencijada. Me abrazó muy fuertemente, tanto que estuvo a punto de derribarme. El nauseabundo aroma de su inútil antitranspirante barato se mezcló con la vomitivamente cálida peste de su sudor; sin embargo, la situación era digna de sobrellevarse con tal de sentir cerca ese par de senos esculpidos por el mismo Dios.
— ¡Oh, Ángel, querido, no sabes cuánto te he extrañado! Perdona el tiradero, no imaginé verte hoy, creí pasarían tres o cuatro semanas más antes de reencontrarnos.
— Me soltaron antes los cerdos, nena. Fueron las primeras palabras que escupí
— ¡Esos hijos de puta! ¡Jamás debieron encerrarte! Eras inocente, bebé, ¿por qué no trataste de defenderte?
—La cárcel significa comida y refugio gratuitos por varios meses, amor.
— ¡Carajo, mírame! ¡Debo lucir muy mal en verdad!
Para ser honestos, la maldita se veía de la chingada, con ese falso cabello rubio lleno de nudos, esa sonrisa de enfermo sifilítico, su hedor a sudor de golfa sin pudor… pero esos senos valían la maldita imagen dantesca.
En la cárcel imaginaba sus preciosos pechos, en el lugar me parecían meramente apetecibles en un contexto sexual. Quería morderlos, tocarlos fuertemente; nada de pendejadas de amor, nada de estúpidas caricias, quería saciarme con esas tetas hasta que se tornaran lo más cálidas posibles de tanto manoseo; pero ahí, eso ya era historia… a final de cuentas que culpa tenía la cabrona de lo que yo había hecho.
—Luces bien— dije, dándole la ventaja que interpretara aquello como todo lo contrario.
—Gracias— contestó, tragándose esas dos palabras en su completa literalidad.
Pero yo esperaba más. La mente de la maldita idiota no procesaba palabra alguna pensando en cualquier respuesta menos la que escuchó. Su rostro expresó incertidumbre y fue cuando mi inconsciente (los psicólogos me han dado una joyita de justificación para todas y cada una de mis acciones de hijo de puta) decidió actuar. Mi pezuña derecha tocó aquel bello pecho que tenía a tan corta distancia.
— ¡Ángel! — gritó ella a la par que soltaba un fuerte manotazo en mis garras de animal lujurioso. De inmediato, empezó a llorar (el llanto de una mujer, una de las cosas más pendejas del mundo. Quejido penetrante digno de una moto cierra en funcionamiento que trata inútilmente de partir a la mitad un oxidado tubo metálico de alcantarilla repleta de excremento diarreico ensangrentado de algún obeso alcohólico con almorranas… eso es el llanto femenino). — ¡No has cambiado nada, sigues siendo el mismo cerdo asqueroso de siempre ¡
— ¡No mames, pendeja! ¿Quién chingados te crees, tú posee de mujer virginal? ¡Eres una maldita puta y lo sabes! ¡Déjate de idioteces y abre las piernas!
— ¡Eres un hijo de la chingada, una verdadera mierda! ¡Yo sabía que no ibas a cambiar, pero ahí estoy de pendeja, esperándote! ¡Vete a la mierda, Ángel, lárgate!
Retrocedí solo para pensar en un buen movimiento. Mi mente nunca fue tan ágil como mis manos así que el mismo medio paso que retrocedí lo acerté de nueva cuenta para estar tan cerca de ella como lo estaba. Miré su seno, su tremenda teta izquierda, era solo un poco más grande que la derecha, era mi preferida, era la que me hablaba entre sueños. Lance mi pesuña ganosa y la tomé con mis cinco dedos, quería escapar así que llamé a la escena a mi otra mano, entre ambas la controlamos mientras Rebeca jalaba su cuerpo hacía atrás pareciendo que aquel tremendo pedazo de piel pareciera desprenderse.
-Déjame estúpido, por favor, suéltame.
Lo segundo de esa frase fue un suplicio, me arrancó una carcajada tan fuerte que mis manos perdieron coordinación y la soltaron, ella retrocedió ante mi mirada.
-¿Cómo te atreves a querer hacerme esto de nuevo?.
-Esa es una pregunta muy fácil de contestar, acaso no te has visto ese par de tetas provocadoras.
-¿Acaso no recuerdas por qué te metieron a la cárcel?
Era cierto, mis días de prisión habían sido debido a algo similar, la única diferencia fue que todo comenzó con el vil pretexto del amor. Ahí estábamos en el sofá de mi casa, en aquel cuchitril tan asqueroso como yo, ella estaba sobre mí como si pensara en dominarme, pero no se daba cuenta de que sus pechos estaban taladrándome la cabeza con la imagen de sus pezones. Mis manos, las verdaderas culpables la tomaron primero lentamente, vendiéndole una idea falsa. Sí, ya me había dicho que nadie la quería. Los múltiples abandonos por los que había pasado le habían dejado una autoestima notablemente baja, lo percibía por la excitación que se sentía ante un ser tan horripilante como yo, era la primera, y por lo tanto mi cuerpo deseoso por tantos años de existencia no pudo contenerse.
No importó el recuerdo, el pasado era historia, el dolor ajeno no valió de nada, fue mío, tan terriblemente mío.
Un golpe acertó se asentó en mi entrepierna, pasaron cinco minutos, me retorcía del dolor. La puerta sonó estrepitosamente. Se abrió. Llevo diez meses en prisión, sus tetas están conmigo, en mi mente. Escribo una carta: Querida puta…

10 PASOS PARA SER UN BUEN ESCRITOR.


(sin orden de importancia)

1.-Ser mam´on.

2.-Buen roce de barbilla con los dedos pulgar e índice.

3.-Beber vino tino, si eres escritor independiente new age de "gato negro" pa´ arriba o, en su defecto, whisky, cognac. (vino en tetrapack y micheladas abstenganse.)

4.Fumar (la combinación con el segundo punto acerca mas a la meta.).

5.-Leer a los clásicos, si se puede en edición Porrua o ediciones anteriores a 1980 mejor.

6.-No leer las ediciones de bolsillo, ni a ningún premio Alfaguara.

7.-Usar lentes tipo José Emilio Pacheco. (aunque no se necesiten.)

8.-No leer o escribir en un blog.
9.-No sorprenderse cuando se va a la FIL y se ve en vivo a Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes en la misma mesa. (si se es un buen escritor, ellos pasan a ser colegas).
10.-Usar términos como: -Anáfora, Acotaciones, Asinocronia. En clases de lectura y redacción.
Nota: los resultados pueden variar.
Nota 1: por si no lo alcanzan a percibir, todo es un vil SARCASMO.
Nota 2: Vayan al encuentro de escritores independientes realizado en Morelia este 9, 10 y 11 de julio. Véase flyer en la parte posterior.

El ataque.

Cierra los ojos. Dijo Esmeralda a Raúl que aun parpadeaba por toda la habitación oscura. –¿Y si regresan?. –¿Quiénes?. Preguntó ella. –Los monstruos. Contestó él con la voz entre cortada. Esmeralda comentó que los monstruos no existían, pero esa afirmación proveniente de alguien como ella no daba nada de calma. No era su madre, no era absolutamente nada con él, qué certeza podría otorgarle una desconocida. –Vendrán. Dijo Raúl. Lo habían hecho ayer, antier y cada día desde que se habían mudado a aquel departamento. Sus padres, quienes estaban en la fiesta de los Perez, de aquellos hipócritas amigos. Se burlaban cuando apagaban la luz aun contra la voluntad de aquel indefenso ser, pero la risa se suplía por castigos matutinos cuando las sabanas amanecían con los orines de manufactura temerosa por el ataque de los monstruos. Sabía que exageraba, nunca lo atacaban, se metían por debajo de la sabana, debajo de la cama, le pasaban por encima, por un lado, pero nunca le ponían una mano encima, o una garra, o lo que fuese que tuvieran.-Cierra los ojos. Dijo Esmeralda a Raúl viendo el reloj desesperada. Ya tenían que estar los señores García para esas horas. El cobrarles más no le alegraba del todo, porque sabía que aquella noche tenía ganas de echarse un buen revolcón con su novio Genaro. A nuestro infante protagonico no le importaba eso, no sabía de sexo, sólo de monstruos, era un experto en eso. Esmeralda salió de la habitación ante las suplicas. Se quedó sólo, ya no gritaba, ya no había a quien gritarle, miró su habitación, cada especifico espacio que le permitiera descubrir de dónde saldrían sus enemigos esa noche. Quería sentirse valiente, quería que olfatearan valor y no temor.Pasaron las horas, tal vez minutos, aun no tenía noción del tiempo, pero definitivamente algo pasó, la puerta principal se abrió, Raúl pegó un fuerte brinco, sus parpados quienes instantes atrás habían caído rendidos tuvieron que despertarse estrepitosamente. Un paso, dos, se acercaban, como siempre no le tocaban, venían por un lado, por el otro, por debajo. Dentro de todo se sentía seguro, todo hasta que… Los sentía, los olfateaba, estaban más cerca, lo tomaron, atacaron sus mejillas con liquido babeante, lo estrujaron intentando quebrantar su suave cuerpo, se pusieron sobre de él, uno por cada lado, estaba perdido, no lloraba, gritaba desesperado que alguien lo salvase, no había nadie, sólo los malditos monstruos. Se dejó vencer, cayó rendido, como un cadáver seco y desarropado en la cama de su habitación. Cualquier personaje externo hubiese percibido el aroma a orinesEl despertador sonó, eran las siete, Raúl se levantó con la certeza de que ya no habría monstruos, en aquel nocturno ataque los mordió, los atacó ferozmente mientras estaban sobre él, los orinó, sabía que si aquel liquido saldría de su cuerpo de cualquier forma, sería mejor que fuera sobre de ellos, para aniquilarlos, o, por lo menos humillarlos, despertó un poco feliz, había tenido un poco de venganza. Salió al comedor, sus padres yacían sobre la mesa estereotipadamente. Lo miraron coreografiados, fruncieron el seño, su mirada era penetrante. Raúl se sintió extraño, se acercó más y más, parecían desconocidos, y ¿cómo no? Quién diablos se atreve a orinar sus padres… y nadie se atrevería a decir que soñar, es un buen pretexto.

La partida.

Te sentiste libre de repente y sin pensarlo. No había nudos exactos ni empáticos, sólo pasos marcados en cuestión de segundos, de pronto, ya no estabas. Tu silueta y tu recuerdo fueron imprecisos, fue más fuerte el rostro de la victoria que se marcó en tu alma cuando sabías que irías.
El viento sopla constante intentando borrar el camino de la nostalgia. El viejo Pajacuarán se vuelve más viejo y todos se preguntan por ti. ¿Y dónde está la hija?, ¿dónde esta la amiga?, la que debió ser esposa, madre, amante. Ya no está, se fue hace tantos años, se convirtió en un pasado, en una fotografía colgada y relatos de la niñez. Aun existes, está claro, pero no existes en verdad, porque el asfalto del pueblo no siente tu cuerpo, porque los vientos diurnos de las estaciones no se cuelgan de tu voz, porque ya no eres Lola, eres “Loula”.
¿Qué te aprisionaba?, ¿era acaso tan duro ver el sol por las mañanas, escuchar el diálogo de las vacas y de los caballos en el rancho de tu padre?. Hay varias teorías, decían que no eras de este planeta, que fuiste impura, incluso hasta diabólica, esto último lo dijo el padre Ramiro en la misa del primer domingo cuando te fuiste, sus palabas exactas fueron: “el diablo se posesiona de nuestras almas y nos hace tomar decisiones que nos llevan a la perdición”. Yo sé que no estas perdida, sé que tu alma esta en L.A, sé que viste de Levi´s y tenis nike. No, no es el diablo el que cambia tu léxico, es un ingles mal hablado que aun guarda un poco de ti. Razones de seguro hubo muchas, pero ninguna suficiente para calmar a cada mente, a cada uno que hizo hipótesis erróneas y que apostó por la peor.
Pajacuarán no morirá, tú sabes que es eterno, pero entre las montañas que cubren el pueblo y los caminos que inspiran las historias, la tuya cesará tarde que temprano, se guardará en el gran libro del camino, del héroe clandestino que cambió la vida por el sueño. Loula te irás al otro mundo, y, mientras las mentes caerán hacía nuevos peregrinares, liberándose de repente y sin penarlo.
Tu esencia paseará de vez en cuando aunque se por pensamientos, una Cheyenne o un e-mail, por tu hogar, por el número veintitrés de la calle de un héroe que nunca aprendiste en las clases de primaria. Paseará hasta que te consuma la nueva historia, hasta que dejes de pronunciar con claridad…Pajacuarán.

El descaro

-Una corona por favor-, -Hay pura indio joven-. Él era joven, pero odiaba la indio, como odiaba el color rojo, las blusas estraple, los diez de cada mes, tonight tonight de los smashing pumpkins entre otros tatuajes mentales que se había elaborado durante cuatro años y que siempre estarían ahí. –Si supiéramos que todo terminará jodido jamás verteríamos sobre nuestros pensamientos esas cosas que nunca se irán- Pensó mientras el cantinero un poco ya molestó le decía: -tonses qué joven, qué va a querer-. –Un tequila- respondió suavemente sin dejar ver al cantinero que durante ese segundo de respuesta su cerebro hizo un serio análisis de qué lo llevaría más rápidamente al estado buscado. Giró sobre la silla, de esas que muestran el perímetro completo, de esas que de pronto dan la espalda y luego el pecho, de esas que sólo pueden existir en un lugar donde de pronto estas bien, y de pronto ya no lo estás. Había varios parroquianos explayando ideas trascendentales, sus rostros y manerismos lo denotaban, sus voces no porque eran opacadas por “Mandy” de Barry Manilow.
Regresó a la posición inicial, un vaso descontextualizado servía de aposento para un poco de tequila frente a él, se preguntaba cuánto iría a pagar por ese trago, y por el siguiente, el consiguiente y el final, eran cuatro, sabía perfectamente que eran los necesarios para no morir accidentado de regreso a casa, los suficiente para no confundir el rojo del semáforo con un verde y ser detenido por la justicia, lo suficiente para recordar su nombre, lo suficiente como para no llamarle desesperado, diciéndole, -vuelve.
El primer trago tardó un poco en diluirse a través de su garganta, no era que fuese de vírgenes labios y estómagos cobardes, era simplemente que quería disfrutar de cada mililitro de aquella bebida que difuminaría su pena o por lo menos la transformaría.
-No eres tú, soy yo. No sabía que le había molestado más, esa trilladísima excusa, o el saber realmente que no era él, en teoría, porque días antes Gilberto, su primo, le había dicho que la había visto saliendo del cine tomada de la mano de un tipo. Lo creyó, pero lo negó, para él era más sencillo decirse que no, no, no, -no puede ser- pensaba, aunque era. Cuando Natalia le dijo aquellas palabras, se sintió parte de la estadística de estúpidos, de los burlados por una frase que ya debía de estar en desuso, pero ella sin duda fue precisa. No eres tú, soy yo, era cierto, esto porque ella ya no le amaba, no le deseaba, era exactamente ella,la que le había dejado de lado por alguien más.
Al segundo tequila la primer lagrima corrió bajo la canción de “Siempre me dejas”, de “Siempre me dejas”, “pero tú, siempre me dejas” sonaba la melodía con unos rasgueos de notas estéticas salientes de una telecaster con efectos nostálgicos. Aquella canción le hacia llorar, lo convertía en una nena. Se sorprendió, no sabía que alguien más conociera esa canción, giró nuevamente con la silla y el tequila ondeando a medio vaso para ver si alguien compartía su dolor. Dos mesas yacían ya vacías, otros pocos habían bajado la intensidad de sus diálogos. Se quedó observando a todo y a nada por un rato, lo cierto era que la atención de sus ojos se fijaban en una chica que estaba en la otra parte de la barra. La conciencia se fue haciendo presente, la rondaba más frecuentemente, pero su mirada no podía detenerse, se delataría de inmediato. Los detalles insignificantes que recopilaba su vista fueron supliéndose por los rasgos que constituían a aquella mujer. Se volvió todo un analítico, un descarado, un atrevido. Mágicamente la quinta lágrima ya no se dejó venir, su cuerpo ya estaba por completo fijado en la que ya había denominado una belleza. La barra y el mesero sólo le vieron el rostro a intermitencias cuando pedía otra copa. Este ritual se repitió tantas veces que su manifiesto sobre el tequila se había anulado. Su trasero se entumió como si fuese una excusa, se levantó. Ahí estaba, de pie, ridículo, nadie le hacía segunda, y nadie se la haría. Sus piernas cobraron vida propia, su mente se apoderó de él. Se encontraba tan borracho que todo su ser succionó sus fuerzas, un milímetro de él tenía miedo, pero todo lo demás se precipitaba kamikazemente junto con aquella mínima rejega parte hacía la mujer que terminaba de empinar el último trago a una “indio”. –Hola- dijo nuestro personaje, que tontería había cometido, pensó, sería confundido con un patético barbaján, de esos que sólo ven a una linda chica sola y quieren devorarla de inmediato. Quería retractarse, tragarse aquel hola, pero ciertamente sentía que el tequila al raz de su garganta no se lo permitiría. Sonrió pidiendo una interpretación positiva. La chica no le miró, le sabía ahí pero no encontró su rostro con el de él. Sus dedos comenzaron a tocar con nerviosismo a la barra, él giró un poco al bar como si buscase algo, quería darse un poco de tiempo de manera sutil, sabía que el rechazo representaba un 50% de posibilidad en un cortejo, suspiró, trató de dominar el alcohol que ya lo tenía más que dominado a él. Volvió a suspirar, esta vez su mano automática se lanzó sobre la chica en pose de saludo, sus labios intercedieron al acto y volvieron a pronunciar el mismo “hola” de hacía algunos segundos. La chica pareció incomoda y él se aceptó ridículo. Era cierto que su mano estaba tan borracha como él, tanto así que no reconoció pena alguna y se quedó catatónica cual digna estatua. El tiempo, si bien lento, terminó con la burla. Para ese momento se escuchaba la chispa adecuada de “héroes del silencio”. Él pasó un trago de saliva que inquietó al tequila que esperaba pendiente un poco de libertad, se sintió mareado a tal grado que tuvo que sentarse en una silla junto a la chica. El cantinero lo miraba con atención, no le importaba aquel acto, para esas alturas de la noche le era cotidiano el vigilar a los parroquianos para que no se fuesen sin pagar. La visión de nuestro hombre sólo fue comparada con la de muchos otros ante un fracaso. Se escuchó un llanto desmesurado, un dolor claro y preciso, se escuchaba a un hombre borracho despilfarrar lágrimas sin medida alguna. La chica seguía acelerando el movimiento de los dedos como si tocara una pieza de Mozart, como si quisiera que el sonido de la madera contra sus dedos fuese más fuerte que la canción que para aquel entonces ya era la de “lucha de gigantes” de Nacha Pop, pero sobre todo más fuerte que el dolor de él.
La puerta del baño se abrió. Desde cualquier perspectiva del bar se podía ver, un hombre alto, fuerte, guapo y elegante salió secándose las manos, su dirección era clara, predecible, sólo sus masculinas manos lograron parar con la manía de la chica, le sonrió. Por primera vez en nuestro relato ella había desviado la mirada, le vio, se sintió salvada. La rocola se detuvo, ojalá el destino le hubiese dado de inmediato a alguien algunas monedas más para que las cosas no hubiesen pasado de lo cotidiano, el silencio era increíble, era un mutismo colectivo apoderándose del lugar, él, el mismo él que recién había agotado el llanto dio un largo suspiro, su cabeza se despegó de sus brazos al escuchar el rechinido de la silla continua. Un valiente en un acto de inconsciencia heroica depositaba una moneda que daría tres canciones más, sin embargo no fue lo suficientemente asertivo, el chico guapo de nuestra historia tomó a la mujer por el hombro con la finalidad más romántica, él se quedó admirando los pasos que daban uno tras otro hacía la salida hasta que el tequila se vio obligado a salir en forma del denominado vomito, mientras que en todo el bar se alcanzaba a escuchar, -ya es muy tarde Natalia.

"La cuenta por favor"


Su servidor, Laura Avalos y Luis Vaca, quienes somos una pequeña pieza dentro de una gran maquina literaria denominada Colectivo Luis Gustavo Franco; estaremos compartiendo textos propios en el bar "La Peña Pireni Jimpani", esperamos verlos por ahí para disfrutar de buenos textos que inducen a la nostalgia, al recuerdo y a un futuro incierto, el cover será de $20 pesos de recuperación. los esperamos.

Verónica



Estar despierto pareciera ser lo más importante, abrir los ojos y estar pendiente, constante, esperando el primer golpe con un perfil semi-automático, que no da miedo, ni siquiera risa. Tal vez cuestione pero no responde.

Atento a lo que hasta el viento trata de decir, aunque la sobre interpretación sea lo primero, sabiendo que comenzará un cuento, que no tendrá historia, será hueco.

Sabiendo que lo que existe tal vez sea lo correcto, para ellos, para el silencio, para las pocas cosas que trascienden al tiempo, a los momentos, momentos que piensan hasta cuándo y hasta dónde.

Esperando por algo que ya ha llegado, que está ahí, guardado, en un rincón oscuro detrás de nada, que se exhibe y que le huyen, que le temen aun sabiendo que ahí no hay mal, que ahí no hay bueno, que solo hay…

Si fuese cierto que todo es perfecto, entonces ¿por qué cerrar los ojos?, ¿es un deber volver y volver en lo que había ayer?, aun no es tarde. O sí, quizás lo es, tal vez tan sólo se deba admirar el desastre, el arte, lo abstracto y por qué no, hasta lo bizarro. Llámale realidad o como tu quieras… Verónica.

Aun lado, al otro, detrás y hasta de frente, en lo que el rojo se volvió presente, sin aplausos, sin ovaciones, ante ni siquiera miradas ni cortejos, menos premios. Los aplausos se aplazarán hasta el momento en que exista por fin… Verónica.

Ver para creer. Mejor ser ciegos.



El titulo de esta entrada es una metáfora que hace alusión a lo que acaba de acontecer en días pasados con el famoso fútbol mexicano, o sea, la final entre el Pachuca y los pumas, siendo campeones estos últimos. Y no, no me llamen hipócrita, yo también en ocasiones degusto de tal deporte, y me declaro fan del FIFA en sus diversas versiones del playstation 2. Pero si bien he decidido tomar este tema y titularlo de tal forma, es porque simplemente no se puede no hacerlo y, mucho más sin darle el típico tinte de crítica social. Debo en primer plano, decir que me perdí el partido y, en segundo, confesar que en realidad no tenía interés en verlo, sin embargo por la gran relevancia que juega dicho deporte en nuestra cultura mexicana (sarcasmo) nadie queda exento de por lo menos saber que habrá partido y, con mayor razón si es la final del balompié mexicano. Pues bien, el juego se realizó sin importar la apatía de su servidor. ¿El marcador?, en realidad no lo sé, pero se coronó pumas de la UNAM, esto no tendría mucha relevancia decirlo, pero sirve para contextualizar al lector y no confundirlo o hacerlo imaginar de qué colores o qué logos había en las camisetas de los aficionados que daban vueltas a la glorieta de cinco de mayo, acá en la ciudad de Zamora.
Cuando salí del trabajo rogando por una cama que calmara mi cansancio, me voy encontrando a una minoría de aficionados pumas dando vueltas como discos de acetato de las Hilguerillas, una y otra vez cantando su famoso himno, ¡cómo no te voy a querer! Al momento (ni nunca) no compartí su felicidad, y se me hizo aquello una total ridiculez. Ver a jóvenes, niños, padres con sus hijos y una que otra fémina abultando las orejas del puma con sus pechos aseñorados girando sin cesar por dicho monumento, ondeando banderas, eufóricos y casi psicotizados de felicidad pasajera, todo porque un equipo de futbol ganó un campeonato. Lo primero que me vino en mente fue: qué nivel de autoestima tienen esos individuos para lograr tal grado de alegría y para apropiarse de un logró tan burdo, más si se piensa que la única ganancia es la satisfacción de un triunfo, claro, porque sería comprensible una reacción así de los jugadores, del cuerpo técnico, directivo, dueños y demás individuos con relación directa al equipo. Sé que puedo sonar un poco drástico y aguafiestas, pero durante mi trayecto a casa trataba de pensar si las personas ahí presentes o, quienes en algún momento fueron a celebrar un triunfo tan absurdo en aquél lugar, habrán festejado algo digamos, más cercano a ellos, algo que les haya costado meritos propios y que realmente amerite una excitación de tal magnitud. Probablemente sí, sería prejuicioso decir lo contrario, sin embargo, eso no justificaría reacciones tan a mi parecer exageradas ante situaciones no meritorias. El otro día veía en el programa de televisa, los reporteros, un análisis de la violencia en el fútbol, donde una psicóloga, justamente la de la UNAM, mencionaba que dicho deporte es una forma que el individuo tiene para liberarse, por así decirlo de sus problemas cotidianos. Esto me dejó pensando por momentos y traté de entrelazar un poco ese enunciado con lo acontecido por los fanáticos pumas, llegando a otro estructurado por su servidor: ¿Los individuos viven atados en una realidad tan jodida, que toman algo tan simple como un partido de fútbol para gritar como locos y tener reacciones tan patológicas ante algo tan efímero como patear una pelota e introducirla en una red? Repito lo que en un principio comenté, el fútbol no me parece desagradable, de hecho me parece una forma de entretenimiento bastante buena e interesante, pero ojo, digo entretenimiento porque en realidad eso es o debiera de ser, aunque desgraciadamente en nuestra sociedad actual sobrepase los límites de otras cosas de mayor importancia como la educación y la cultura, cosas de verdadera trascendencia y, al rebasar dichos aspectos, es donde su euforia queda fuera de lugar y se convierte en una vil estupidez.

Cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver a veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas. Dan grima, dan lástima, dan ganas de darle a la humanidad una patada en el culo y despeñarla por el rodadero de la eternidad, y que desocupen la tierra y no vuelvan más. Fernando Vallejo, extracto de la novela "La virgen de los sicarios" Alfaguara.

LEER...¿DEBER O QUERER?


Hace un par de días husmeando entre revistas sin sentido, (y digo sin sentido porque eran revistas del magisterio)me encontré con un buen articulo* de mi maestro de creación literaria (a distancia e impersonal pero maestro) Óscar de la Borbolla, en el cual hacía una crítica bastante amena a lo que últimamente se ha querido implementar en México, el famoso fomento a la Lectura. Desde años se ha intentado incentivar a los ciudadanos, en especial a los niños y jóvenes al maravilloso pero muy desconocido mundo de la lectura y, estos intentos, por más fuertes que pretendan (al criterio de nuestros gobiernos e instancias culturales) han sido fallidos.

Digo que la critica de Óscar de la Borbolla fue amena, porque éste relata la importancia de la lectura desde su perspectiva como escritor y profesor de letras y, comenta cómo fue que él se convirtió en lector, siendo la forma la cual lo hizo de manera intuitiva, por así decirlo, acercándose a los libros que existían en su casa, pues en sus años de niñez, no se andaban con jueguitos de fomento a la lectura, quizá por cuestiones de contexto cultural, entendiéndose por esto a las muchas competencias desleales que tiene la lectura actualmente por la invasión de diferentes medios si bien no similares, sí que compiten por la atención de los prospectos a lectores. Dice Óscar de la Borbolla: Me acerqué a ese libro como me acerqué a la primera pelota de mi vida: sin saber. Y tanto con el libro como con la pelota tuve que esforzarme para entender las reglas que me permitiría jugar con ellos. Buena analogía ésta, la cual no es otra cosa más que la reflexión de qué la lectura no es un deber, sino un querer, claro, contiene reglas como la más simple de las actividades, pero que si a ésta se le pone un imperativo de obligación, se desprende de su sentido original. Recuerdo de igual manera una entrevista a Idelfonso Falcones, escritor español, donde hablaba de que la lectura no debe de ser un hábito, pues esto implica que se hace ya no tanto por gusto, sino por la constancia de hacerlo.

Hasta este punto se puede considerar la posibilidad de convertirse en lector el individuo por méritos propios o, más interpersonales, sin embargo y, retomando lo de un principio respecto al fomento a la lectura, éste aspecto también es de importancia, porque es también necesario hablar de la necesidad de la educación en el país como medio de desarrollo, pues por lógica se sabe que la lectura juega pieza clave en el aprendizaje, pero, ("pero" que espero no destituya todo mi texto)aun sabiendo esta necesidad, se sigue con los números rojos en cuanto a personas que leen en el país, dando por resultado, personas ignorantes (tomando la ignorancia como sentido literal, del hecho de ignorar algo, y no como un despectivo). Entonces debemos preguntarnos ¿por qué la gente sigue sin leer?, bueno, hay muchas opciones y, ya que hablamos del segundo aspecto que es el externo al individuo, hay una buena excusa. Les paso unos datos tomados de la UNESCO y del INEGI acerca de la lectura en México:


-Hay una biblioteca por cada 15 mil habitantes. En 1983, sólo había una por cada 240 mil mexicanos.


-Existen 1,178 puntos de venta de libros en la República que comparten el espacio de oferta con otros productos.


-Existen sólo 500 locales en todo el país, donde sólo se venden libros.


-43% de las librerías se ubican en la ciudad de México y su área metropolitana.


-Existe una librería por cada 206 mil habitantes en nuestro país (el índice más bajo de librerías en Hispanoamérica).


-94% de los municipios de México no tienen librerías.


Estos datos son verdaderamente sorprendentes si queremos pensar que se está haciendo una campaña (que ya lleva años) de fomento a la lectura, pues dichos números son tan pobres que parece una broma, más aun, si tomamos en cuenta de que la mitad de estos datos son del sector privado.

No hay que ser tan pesimistas, es cierto, ya que todo tampoco depende de nuestro hermoso gobierno, el cual obviamente tendrá en voces decir que la lectura es prioridad, pero que sin embargo sólo quedará en actos vánales y sin trasfondos, mientras siguen laborando sus mismas empresas culturales que fomentan la lectura y la literatura y, que quizá, con fortuna, año con año con un poco de más impulso. Mientras tanto no debemos dejarle nada a la suerte y, me atrevo a decir que apostaría más por el pensamiento Óscar de la Borbolla y, dejar que nuestra intuición nos guíe, claro, manejando un poco los impulsos y los vicios que se tienen actualmente en cuanto a los distractores que nos rodean, ya que hay que tenerle fe a los libros y un poco de precaución, porque una ves que se tienen en las manos, es muy difícil soltarlos.


*tomado de la revista magisterial Educare.

Otoños

Lentamente recurrí a una excusa, quizá no la más viable, tal vez hasta la más absurda. El calor sofocante era necesario para hacerme ver ridículo, para opacar cualquier sarcasmo intelectualoide que acompañara a mi facha, faceta, temple de escritor.
-Es tarde, me tengo que ir. Dijiste con una sonrisa que ocultaba la risa de mi desdicha.
-Pero si tan sólo son las seis.
-Es tarde para para mi.
La recompensa de aquella despedida fue la vista de tu cuerpo, tu espalda semi desnuda por aquella blusa que contrastaba por el aire frió, aquella que exhibía tus hombros atrevidamente y que conjuntamente mostraba tus curvas geometricamente exactas que dibujaban hasta abajo un par de piernas perfectamente torneadas. Agradecí que tu puerta tuviese tres chapas. Me quedé diez minutos afuera de tu casa, lo supe porque sabes que siempre fui un obsesivo del tiempo, eran las seis y diez. Vi como cada luz de tu casa se encendía y, como de vez en cuando la cortina principal ondeaba junto a una mirada para ver si ya me había marchado.
Una, dos, tres, cientos, miles y quizás millones de gotas se postraron sobre mi. No hubo motivos románticos para aquello, seguro los cambios climatológicos lanzaron esa lluvia inesperada, pero fue tan acertiva que agradecí a la madre naturaleza que me diera el fondo perfecto para un individuo tan patético en una situación tan trillada.
Mis sillones no merecían la infamia que les otorgué, mi cuerpo empapado se recostó por cada milímetro de éstos con el peso que mi alma había acumulado por la tristeza. Levanté sólo tres cuartas partes de mí para acercar el teléfono. Siete y media, la ausencia del típico "ring" de mi viejo aparato ya causaba estragos sobre mí. Intenté llamarte pero no creí que fuera lo indicado. Me aferré a la idea de que llamarías incluso en el sueño que concilie a las tres de la mañana. Más tarde pensé que lo hiciste, seguro así fue, sólo que estaba tan profundamente dormido que no lo escuché. Eso me calmó.
-Nuevo día. Pensé con mi gran excusa. Caminé aquel trazo que horas atrás era un fondo teatral del acto dramático. El otoño ahora sí concordaba con el sonido de cada hoja que crujía debajo de mis pasos.
Ahí estaba frente a tu casa, lo suficientemente temprano para que no me vinieras con lo mismo. Ocho y veinticinco. Esperé cinco minutos más, por protocolo de redondeo. Toqué solo un par de veces, sabía que saldrías, sabía que me mirarías y que desearías un beso mío. Pero aquello era sólo un pensamiento.
No saliste, seguro hubo una razón para no hacerlo durante los siguientes tres años, al cuarto ya no regresé, sé que si estabas, pero yo tuve que irme a otra ciudad, ya sabes, cosas del trabajo, de verdad no quería. Regresé tiempo después, cuando me convertí en un hombre hecho y derecho, si me hubieses visto te hubieras sorprendido, ya no habría hecho el ridículo. Ya no escribía, lo dejé de hacer cuando me di cuenta de que era muy malo. Mi mala suerte siguió siendo muy mala, no te encontraba, por más que te buscaba, por más que la lógica me decía que debías de estar, seguro hubo buenas razones, pero en fin. A veces aun paso por ahí, ya van varios otoños, sigue lloviendo inadecuadamente y me sigo mojando de vez en año a eso de las seis y diez. Mis sillones ya no sirven, la humedad los consumó, así como a mi corazón.

Ricky Gómez.

-Tres minutos y sales...



-Carajo, antes solían avisarte veinte minutos antes.



-Sí, cuando llenabas los lugares, cuando eras importante.



-¿Y cómo mides la importancia?



-Pues con dinero, ya no das el ancho, se te están acabando los trucos.



-Juro que no eran trucos.



-¿Eran?.



-Son.



-Como sea, alistate, esos pendejos te esperan.






Ricardo Gómez se miró en el espejo, acomodó la corbata de rayas que se aferraba a su camisa y miró los cabellos perfectos que se postraban hacía la derecha, sus ojos delimitaban cada parte de si, incluso aquel traje rentado en la ciudad de San Luis Potosí. Tres, dos, uno, los tres minutos se le habían terminado.






-¡Animo!-. Dijo Ricky Gómez más de treinta veces durante la media hora que duró la conferencia, parecía que ni aunque las hubiese dicho otras treinta ocasiones más, la gente lo hubiese creído. Sus casi doce asistentes salieron cabizbajos murmurando los peores adjetivos calificativos. Ricardo Gómez sólo dio el último sorbo a la santorini que él mismo pagó de su bolsillo.


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-Quiero ser conferencista.



-No mames pinche Ricardo, si te da un chingo de pena hablar en público.






Pero aquella opción era la única y más viable para él, toda la psicología le parecía tan absurda que de tan sólo pensar en que podría terminar escuchando los problemas de la gente, aquella alternativa le parecía la mejor, "por lo menos les daré los consejos sin escuchar sus pendejadas", pensaba como si en el mundo los deseos de la gente se volvieran realidad.


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Uno, dos, trescientos aplausos se escucharon coreografiados en ritmo y en sonido en Cuernavaca. Quinientos en Sinaloa.Cuatrocientos treinta en Monterrey. Y mil quinientos entre las cinco ocasiones que se presentó en el distrito federal.



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-Espectacular.



-Gracias.



-¿Cuáles son tus trucos.



-No son trucos.



-Entonces.



-Es un arte muy complicado, lo aprendí en la universidad, es parte de la psicología.



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-Diganos señor Ricky, cómo es que hace para dar tal mensaje de armonía y paz a la gente, para despertar tales potenciales.



-Es complicado de explicar, pero lo cierto es que cada ser humano tiene la capacidad de lograr lo que quiera con el poder de la mente, y eso en teoría es sencillo.






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-Me voy de la casa.



-¿Por qué?



-Tengo a alguien más.






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-Cancelamos la fecha de Guerrero.



-¿Por qué?



-No se vendieron los boletos.






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Los quinientos asistentes, estaban atentos a la tercera llamada, el teatro obrero de la ciudad de Zamora sirvió como gancho mercadológico, la publicidad qué había sido utilizada era la de sus viejos tiempos, cuando la barba arreglada le cerraba por completo la forma de candado y cuando su sonrisa era un poco menos falsa.






El telón se abrió, Ricky Gómez se sintió elogiado, incluso aunque no sabía qué decir, los "ánimos" ya no le servían ni a él mismo y creía realmente que sí se le estaban acabando los "trucos". La gente lo ovacionó un par de minutos aunque el desalineo era claro.






-¿Qué esperas Ricardo?


-Es, es, es que no puedo.


La ovación duró un poco más, se agotaba lentamente.

El silencio substituyó los aplausos, seguía ahí, suspiró profundamente, una, dos, tres veces. Se cerró el telón.


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-Ya llegó la gente Ricardo, creo que es hora de comenzar.

-Sí, ya voy.


Ricardo Gómez se miró en el espejo roto de la habitación, respiró profundamente y salió a escena.


Aquél día, y durante dos meses seguidos, los lunes y los jueves los "ánimos" ayudaron a dos que tres alcohólicos, algunos neuróticos se replantearon su existencia, y las sesiones de AA reportaron en sus estadísticas aumento de personas. Ricky Gómez fue un exito en el local marcado con el número veintidos de la calle Juarez en la colonia Ramirez.



El artista.

-Sabes de qué trata esto?
-No sé, será algo relacionado con arte ¿no?
-No se te hace algo muy estúpido que me preguntes eso o, ¿tratas de confundirme?
-Por qué trataría de confundirte, sólo quiero saber de qué trata todo esto.
-Pues es lo mismo que quiero saber yo, debe tratar de arte ¿no?
-Ves, hiciste exactamente lo mismo, esa diminuta cuestión nos esta confundiendo.
(se acercan hacía un raro cuadro de figuras multicolores, ambos personajes giran sus cabezas, de manera sincronizada, no lo entienden, sus rostros lo denotan, se rascan sus cabellos como símbolo de duda, aspiran y respiran un par de veces y giran de derecha a izquierda negando).
-Entonces, ¿es esto arte?
-Tiene que serlo ¿no?
-¿Otra vez?
-perdón... Tiene que serlo.
-Supongo que así son los artistas.
-Sí, yo también lo supongo.
-Mira, creo que es ese.
-Vamos.
(se acercan lentamente, con las manos en los bolsillos y con sus cabezas esquivando las nucas del público que rodeaba a un personaje de largos cabellos, lentes gruesos y un saco de parches en los codos).
(Pasan unos minutos y se limitan a observarlo).
(Unos cuantos se disipan y se acercan )
-Oiga, disculpe, mi amigo y yo deseabamos saber...
-Hey, no soy tu amigo, te acabo de conocer.
-Bueno, yo y esta persona queríamos saber...
-Hey, tampoco me trates con tanta frialdad, me llamo Santiago.
-Maldita sea, bueno, Santiago y yo, o sea Rúben, queríamos preguntarle acerca de aquél cuadro de la esquina.
-Ha, mi "Euterpe".
-Sí, su, Eu... ese bonito cuadro.
-¿Bonito?, no puede ser "Bonito", pues es la representación de la solemnidad poética en un mundo burdo.
-mmm, ¿burdo?, suena, mmm, suena inteligente.
-Ves Santiago, ahora podemos comprender lo que significa la obra.
-¿Podemos?, que acaso tenemos los mismos pensamientos.
-No, pero ambos teníamos la misma duda.
(Una persona de aspecto importante llama al artista y éste gira dejando a aquellos dos individuos).
-La verdad es que sigo sin entender ese cuadro, y para serte honesto me frustra.
-¿Por qué?, no escuchaste que dijo que tenía que ver algo con la vida y esa otra palabra rara.
-Sí, pero es que no sé, para mí parece otra cosa, algo así como un, un, no sé.
-Y ¿qué diablos es un "no sé"?.
-Pues es la representación de mi duda.
-¿Tu duda?.
-Sí,
-¿Ese "no" del que hablamos desde un principio?
-Sí, es, o sea, el mismo "no" tuyo.
-Estoy confundido.
-Lo estamos.
-Igual que al principio.
-O quizá más.
-Entonces, ¿de qué sirvió todo esto?.
-No tengo la menor idea.
-¿Nos vamos?.
-¿Por un trago?.
-Fabuloso.

La culpa

La culpa instaurada es cada día más fuerte,
Es cruel, asertiva, sádica,
Merecedora del premio a la mayor precisión,
Pues no se va, se queda y lastima.
No se cuánto tiempo lo hará y,
Lo peor de todo es que no puedo quejarme,
No puedo decir ¡lárgate mal burdo!,
Porque es imperiosa su existencia,
Por lo menos para ella.
Es su única razón, su único motivo,
Existe porque sin ese sentimiento
De ansiedad constante no sería culpa.
Seguro se engalana y enorgullece de sí misma,
Y yo me despedazo por las noches
Esperando su retirada,
Pero sabe que la acepto en inconsciencia,
Y es en ese pacto oculto entre los dos
Que radica su estadía de todos los días,
Para que su fecha de expiración
No este ni siquiera cercana a llegar,
Nunca, poco…ahora.

Y luego no quieren que les digan "burros".


Cuando estudias psicología te dicen que en lo último en que te convertirás en esa carrera es en un mago, que jamás podrás saber qué es lo que la otra persona piensa con una mirada interesante y un par de dedos seductores de barbilla, no, si por eso yo no considero a la psicología una ciencia (aunque me observen mis profesores con cara de asombro y descontento), precisamente por la subjetividad e individualidad del pensamiento humano, pero a veces es tan sencillo imaginar casi con certeza lo que a miles y cientos de personas les ronda por la cabeza con algo tan sencillo denominado "Enajenación", y es que en verdad saber el pensamiento preciso no esta cercano ni siquiera a ser una posibilidad, pero no es necesario, porque cuando observas a esa multitud sembrada por una idea insertada de no sé dónde o de no sé quién, simplemente ocurre ese fenómeno tan común: "Burres".

Hace un par de días se inauguro en la ciudad de Zamora el alumbrado del santuario de la virgen de Guadalupe, el cual no es otra cosa que una serie de foquitos que hacen lucir muy bien la casa de mi Lupita.Hasta ahí no hay problema en realidad, el problema está en el costo estratosferico que éste implicó, $3,000,000.00 de pesos, y lo que causa el dolor de cabeza a su servidor es que de esa millonada, la iglesia solo aportó $700,000.00 y los demás, o sea nosotros los pagadores de impuestos que nunca nos podemos quedar atrás, aportamos los restantes $2,3000,000.00 pesos.

Desde que había leído esto en el periódico me había parecido una aberración, ¿cómo es posible que se haga una inversión tan grande en algo que realmente no es tan básico comparado con otras necesidades de la ciudad?. Claro, salieron al quite luego luego los defensores de la incongruencia diciendo que eso generaría ingresos turísticos y no sé cuántas patrañas más. Es cierto, aquello generará más turismo, pero me pregunto si realmente la clase pobre de nuestra bella Zamora verá algo de ese dinero. No digo que lo que hicieron este mal, pero la manera en que lo hicieron sí lo está. ¿Por qué diablos se tuvo que pagar esa cantidad de nuestros impuestos cuando la iglesia está en la perfecta facultad de solventar ese tipo de gastos?, y es que no se trata del ateísmo berrinchudo, no, sino de la absurda forma de cumplir caprichos políticos y religiosos como medio de satisfacción de unos cuantos con el pretexto de que es para todos.

Con todas esas ideas rondando mi cabeza decidí pasar por el lugar para hechar un vistazo y dar una critica propia de aquella calumnia. Y cuál fue mi sorpresa al ver que aquello había doblado mis espectativas, era todo un fenómeno social, cientos, miles quizá de "burros" Zamoranos estaban observando frente a sus narices el derroche del poco dinero que quizá pueden y deben otorgar, donde muchos me atrevo a decir que ni siquiera han pisado aquel lugar y para los cuales la fe es una palabra incomprensible, pero eso sí, ah que re bonito se ve. El trafico era fatal, la gente invadía las calles, un coro patético (pero agradable al oído) se burlaba de todos mientras unos cuantos probablemente decían. -Ven que fácil es...-. Y es que la gente no piensa más allá de lo que sus ojos captan, cómo es posible que se permitan ese tipo de humillaciones hacía nosotros los ciudadanos que dentro de lo jodidos que estamos nos quieren joder más con todo y burla, no, no es posible, pero lo es en realidad..Posible. Aquel día fue muy triste, lloré, de verdad lloré porque para mí y alguno que otro analítico aficionado no nos costó trabajo interpretar el pensamiento de aquellos ciudadanos -Qué bonito se ve-.

Qué lastima, y luego no quieren que les digan "burros", si con todo lo que demuestran nada más les faltan las orejas y el rincón.

ONOMATOPEYA

-Pum, cabum, ratapam.
-Hiii hiiii, guau, guau.
-Tóc, tóc, tóc.
Gustavo se escondió detrás de la linea de la puerta abierta. -No seas cobarde, pasa- dijo Alejandro con una sonrisa conocedora de la incertidumbre y miedo de su compañero de clase. Gustavo no dio el paso que su valor debió haber preparado. Sus pupilas dilatadas y sus ojos abiertos en todo su esplendor no dejaban de observar a aquél personaje.
-Cu, cu, cu, ahu, ahu, ahu..
Alejandro lo tomó de la mano y lo obligó a ponerse a tan sólo algunos dos metros de distancia. Gustavo temblaba y su sudoración se hizo evidente.
-Grrr, grrr, ¡grrr¡-. se escuchó cada vez más cercano a él. Su respiración se aceleró. Su garganta pasaba saliba tres veces más de lo normal. Sus párpados parecían que se romperían. Sus oídos ya estaban sordos, lentamente la luz se fue apagando, lentamente, muy lentamente.
Ahí estaba Gustavo en el suelo, incitando a la tiza a que cubriera su cuerpo como un cadáver, Alejandro lo observó un par de minutos en el silencio de aquella casa oscura donde se podía ver una sombra más que la de aquellos dos personajes. Giró, dio un paso hacia el frente.
-Cui, cui, cui, cui...
-Maldita sea Jaime lo has hecho de nuevo, corre a tomar tus pastillas, y esta vez tragatelas por completo.

Técnica 79.

Hice una carambola y entró la bola cinco, la siete y la tres, hubiera dejado impresionados a todos si no hubiera sido porque también lo hizo la bola ocho. Un par de insultos disfrazados de elogios por tan buena y a la vez patética jugada sumbaron mis oídos como una bala, rápida y desapercibida. Pero no importó. mi mirada se centró a treinta y cinco grados a la derecha, a unos dos metros, en la otra mesa del centro recreativo, a donde estaba Amelia.
Me hice a un lado empujado por el insensible de el "Kir", quien tomó el taco de una manera aberrante. Imaginé que era una dama, quizá la terca de Diana que lo rechazó tantas veces que se volvieron incontables, y cómo no si al ver tocar aquel pedazo de madera me di cuenta de que no podría ser capaz de tomar a una mujer con la sutileza necesaria. Después de procesar aquel pensamiento di dos pasos hacía atrás, cortos, lentos, cualquier cosa que me hiciera pasar inadvertido. Sabía que ahí estaba porque alcanzaba a percibir el aroma de un suave halloween tan de moda, y sabía que era el de ella a pesar de que casi la mitad de las demás féminas lo usaban porque el aroma tenía un suave toque de Amelia. Escuchaba su risa, diálogos entrecortados que hablaban de todo menos de mí, giré un poco con algún pretexto absurdo que hiciese pasar mi mirada por donde se encontraba, pero la obviedad de mis ojos me descubrieron, y en una cobarde maniobra salieron disparados hacía un techo húmedo y deteriorado.
La milésima de segundo que me topé con su rostro, su perfecto y exquisito rostro bastaron para poder crear en mi un poco de satisfacción. Ella notó al intruso que la miró por menos de un instante, no sé qué idea pudo haber cruzado por su cabeza, cuántos hombres no debieron mirarla a cada rato, sus nalgas forjadas por la pubertad recién adquirida, sus pechos pequeños pero apetecibles al morbo masculino. Debía estar acostumbrada. Volteé a seguir con las acciones del "Kir" pero éste ya estaba hundido en su torpeza para el juego. Giré, tan solo giré por la inercia del instinto y me observaba, no sé qué, si mi panorama trasero no tenía mucho que ofrecer. Entonces pensé que debía ser algo más, amor, sí, debía estar amandome, imaginando mi concentración a un nuevo tiro, a cualquier cosa menos a ella, porque cuando amas a alguien a esa edad, a los tan solo trece años de edad, el amor es no ser correspondido. Desvió la mirada como yo lo había hecho instantes atrás, se evidenció de igual forma como yo viendo a un techo que ya se estaba sintiendo importante. Vi la oportunidad de fijar mi mirada hacía ella hasta que se cansara de ese color a humedad, lo hizo y me miró. Sé que mi cuerpo da un mejor aire que el de un techo en desuso, así fue porque no me quitó la mirada, ahora era un reto, un desafió, o quizá solo amor.
No me atreví a dar los tres pasos necesarios para estar frente a ella, jamás lo hice. Mi uniforme de la técnica 79 pasó de moda y jamás volví a mirarla, ni como aquella vez, ni de ningún otra forma, se fue, amada, estrujada, marchitada, y yo me fui, con el recuerdo de aquel momento donde una bola ocho volvió a entrar al momento equivocado, por los nervios absurdos del primer amor.

TOUR DEL DOLOR AJENO

Para qué crear poesía, insuficiente sería creer que con estas palabras bastarían para sellar todo, pero no cabe otra prueba, no para mí, no porque la cobardía cobró un tinte de enfermedad mortal, de dominio sobre lo que tu llamas cuerpo.
No me diste ni siquiera la oportunidad de un trillado día de lluvia, ni la posibilidad de confundirte con alguien más, fuiste tan certera, asesina serial de mis cientos de vidas. Sí, no debería reprocharte eso, tu me diste esas vidas, es cierto, tu creaste el día, la noche y la casualidad de las palabras, reinventaste el sexo, tan claro, imperfectamente perfecto, tan sensual e inaudito, pero no puedes pretender que un hombre, tan simple como yo intente reincidir a una vida sin lo más importante. Sería como una noche sin fondo negro, sería ilógico, como si el aire dejara su propósito, dime, dime quién viviría, y si alguien lo hiciera, que sentido tendría.
El cielo ahora ni siquiera sería un destino aceptable, y el infierno ese del que tanto hablan parece tan parecido a esto que solo llamo vida por protocolo.
Diría que me marcho, pero ya no estoy aquí, estoy tan distante que no me puedo ver ni a mí mismo, aunque la fluorescencia de mis pensamientos irradien verdades a medias, ni aunque en este momento las pulsaciones de mi cuerpo se estén desvaneciendo deprisa, incongruentes al paso de los segundos, de los flashazos de características misteriosas.
Abro mis brazos a la nada porque es lo único que me queda, porque me en la yema de mis dedos existe el único respiro honesto de mi existencia, porque cuando este, mi último segundo de gloria termine seré un recuerdo en las almas que estarán ya muertas, y tu sentada tranquila esperando la próxima cita, del tour del dolor ajeno.

09..

la cuenta comienza, uno, dos. Cada segundo
se perderá en horas enteras, en pretextos prolongados,
y ahora es el momento que pasado sera mañana,
y los meses se contaran lentamente hasta que pasen a gran velocidad
como ese auto nuevo que es un propósito que no se cumplirá,
como cada deseo que se perdió como las uvas digeridas por nuestro cuerpo.
Miles de nuevas mentiras se inventaran,
un par de verdades no se creerán,
estaremos tan cerca, más cerca del infinito como de la muerte.
Nos llenaremos de más vacíos que estarán acumulados
con los anteriores y los anteriores,
hasta que sean tantos e irreconosibles,
que llegara el Diciembre nostálgico
reprobando nuestras actitudes
esperando un sustituto
para que todo comience de nuevo
y sabrá Dios si nosotros estemos ahí.

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Acerca de su servidor.

Para los que preguntaban si solo le hago a la farandula, pues aquí un poco de mi curriculúm: soy estudiante de psicología del C.E.S 1ro de Mayo de Michoacán en México, escritor, guionista teatral, fuí editor de la revista universitaria independiente "Ecos", columnista de la revista "Desafío Magazine" en Watsonville California Estados Unidos y colaboré en el programa cultural escaparatv en la sección de literatura. Tengo en mi haber 3 libros "Perspectivas" 2004, (relatos) "Noches Casuales, noches absurdas... Bienvenida la noche" 2006 (poesía y escritos) y "Bienvenidos a San Juan Palmira" 2007 (novela) todos publicados de manera independiente, participo activamente en el colectivo "Luis Gustavo Franco", publico en diarios de manera independientes así como en este mi humilde pero sincero blog.

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