El guía sin dirección.




Muchos me preguntan acerca de mi aversión sobre el que llamaré “semanario Güia”, otros parecen no interesarse en lo absoluto por el tema; sin embargo y después de varios meses de promover la campaña “no lea Güia” me atrevo a mencionar el por qué de dicho conflicto con el que sin duda alguna es uno de los semanarios más longevo, con mayor reconocimiento y mayores lectores probablemente del estado.
En primer lugar debo reconocer que en mis comienzos literarios dicho semanario fue de los primeros medios que publicó mis artículos, poesías, ensayos, escritos y demás textos que por aquellos años (algunos cinco) me atrevía sin premeditarlo a enviar, y si estos germinaban eran gracias al estimado Ernesto Rezéndiz Oikión, quien encargado de la sección “Rebeldía” daba y da espacios a jóvenes para expresar sus letras.
Para mí, publicar en cualquier sitio es signo de admiración para el medio, por apostar a talentos nuevos y sobre todo por incurrir en el riesgo de proponer ideas innovadoras y contemporáneas en diarios que por su herencia están acostumbrados a estilos de redacción algo pasados de moda; claro, no todos, pero si hago este reconocimiento es por el simple hecho de dar la firma y validez a un texto de cualquier loco irreverente que intenta cambiar el mundo con ideas y letras. Con esto, deseo que comprendan que yo respetaba el semanario, hablaba de él maravillas y promovía su compra (que bien puedo decir que unos diez o quince lo compraban gracias a dicho acto, cosa que se traduciría en sesenta pesos que en estos tiempos nadie los regala). Todo estaba a pedir de boca, acostumbraba por lo regular a publicar cada quince días y alternaba con algunos otros medios impresos; sin embargo, y de manera inocente, Güia me parecía el mejor de todos
Con el pasar de los años y en base a una propuesta creada por su servidor y mi amigo Eddie Rojo de crear una revista universitaria, nos planteamos la idea de implementar una sección que conjuntara las labores educativas de los medios superiores con la intención de eliminar la competencia entre universidades y alumnos para potencializar talentos, denominando el proyecto “Zona Universia”. Como para aquellos tiempos la revista independiente que editábamos no tenía mucha difusión, se nos propuso por el contacto de un conocido, hacer la propuesta al subdirector del semanario (el cual omito el nombre por razones de confidencialidad, cualquier semejanza con alguno de los personajes de Herman Hesse no es mera coincidencia). En un principio dicho sujeto se mostró impresionado por el interés de dos jóvenes por crear un proyecto que involucrara el semanario, haciendo un discurso que después descubrimos de lo más hipócrita donde hacía semblanza de la libertad de expresión y de la jactación de Güia como uno de los pocos medios sinceros de esta región. Fue así que comenzamos nuestra labor en la sección Universa, planteándonos metas ambiciosas y trabajando con esfuerzo al igual que calidad.
Entregamos algunos tres artículos, los cuales gustaron a sobre manera, recibiendo halagos cada que eran entregados, incluso llegando a desplazar los artículos tan vánales y en muchas veces parecidos bajados de internet por la recién homenajeada [1]Susana Calderón. Todo pintaba bien, hasta que un día gracias a la brillante idea de Rojo (no es sarcasmo), escribimos un artículo basándonos en la base del pensamiento de la novela de Milan Kundera “La insoportable levedad del ser”, nuestro error, y ahora que lo veo en retrospectiva, que tremendo error, fue el de hacer la analogía entre Dios y el hombre, donde el autor dice que si el hombre esta hecho a imagen y semejanza de Él, entonces también tendría por ende de igual forma defecar. Recuerdo que a Amparo Solís, quien era a la que le entregábamos los artículos le pareció un titulo muy tentativo y agradable a simple vista. Lo que sucedió después, ya es historia. El artículo jamás se publicó, nunca recibimos respuesta alguna y no volvimos a ver publicado otro escrito en el semanario. Sólo después comprendimos que fuimos unos estúpidos al haber hecho escrito semejante, sobre todo por que dicho semanario es de carácter religioso. Al hacer el escrito no pretendíamos ofender o herir la susceptibilidad de dicho medio escrito, por el contrario, deseábamos realizar un texto que como la novela, tuviera un carácter filosófico, pero con el sentido práctico que pretende su interpretación, en esencia se logró, pero sin lo primero.
Como toda persona que se dedica a escribir, tanto Rojo como yo, éramos conscientes de que si por algún motivo el texto enviado no era del agrado o no compaginaba por cualquier cosa con la ideología del semanario, no lo tomaríamos como algo personal, pero esto se convirtió en tal, cuando sucedió lo siguiente. Al ver que no se publicaba el texto y al darnos cuenta del error cometido, se enviaron, por su servidor una serie de correos electrónicos disculpándonos por lo acontecido y reiterando en varias ocasiones que este incidente no se volvería a repetir y donde también comentábamos la intención de seguir con la sección. En un principio recibimos respuestas de carácter evasivo, mismas que fueron disminuyendo hasta convertirse en nulas respuestas a las peticiones de seguir publicando, ya que para determinado tiempo, enviamos un par de artículos que tras su revisión, no contenían algún aspecto que reincidiera con lo ya hecho.
El coraje fue tal por varios aspectos, uno, la incongruencia del discurso de Wagner sobre el futuro del periodismo en la ciudad, donde decía que actualmente no hay personas que apuesten por un periodismo sincero y que sin ello, no habrá sucesorias a los puestos que con el tiempo se abrirán ante la jubilación de los periodistas añejos. Dos, la censura, no del artículo, sino del diálogo entre ambas partes ante la discrepancia de ideas, y sobre todo ante el hecho de haber sido vetados sin siquiera la explicación, que aunque lógica, merece todo aquel que expone una duda o inconformidad. Y tres, sentir la decepción hacia uno de los medios que más quise y que para mí representó plataforma para poder ser leído no sólo en Zamora sino en muchas partes de la región.
Güia está constituido por personas de una capacidad indiscutible, sus artículos aunque en la mayoría y en sólo en secciones repetitivos, vienen a aportar semana con semana información que difícilmente en otros medios encontraremos, aportando de mayor forma información práctica, económica, política y cultural que otros medios de la ciudad que sustentan sus ventas en la famosa nota roja. Sin embargo, personalmente esto no sirve de nada si el semanario esta liderado por dos personas (porque faltaría hablar de la opinión sobre el director de Güia, cosa que ocupa otro artículo) incongruentes que son la mil realidad de lo hipócrita, y aunque me gane el descontento de más de alguno que afiliado a dicho medio impreso, tengo que hacer presente el disgusto que estará en mí por el resto de mis días.



[1] La critica a los artículos de la Sra. Calderón no tienen involucramiento o algún tipo de relación con la labor tan loable y respetable que ha realizado hacía las bibliotecas publicas de la ciudad y en las cuales ha colaborado.

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Acerca de su servidor.

Para los que preguntaban si solo le hago a la farandula, pues aquí un poco de mi curriculúm: soy estudiante de psicología del C.E.S 1ro de Mayo de Michoacán en México, escritor, guionista teatral, fuí editor de la revista universitaria independiente "Ecos", columnista de la revista "Desafío Magazine" en Watsonville California Estados Unidos y colaboré en el programa cultural escaparatv en la sección de literatura. Tengo en mi haber 3 libros "Perspectivas" 2004, (relatos) "Noches Casuales, noches absurdas... Bienvenida la noche" 2006 (poesía y escritos) y "Bienvenidos a San Juan Palmira" 2007 (novela) todos publicados de manera independiente, participo activamente en el colectivo "Luis Gustavo Franco", publico en diarios de manera independientes así como en este mi humilde pero sincero blog.

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