La partida.

Te sentiste libre de repente y sin pensarlo. No había nudos exactos ni empáticos, sólo pasos marcados en cuestión de segundos, de pronto, ya no estabas. Tu silueta y tu recuerdo fueron imprecisos, fue más fuerte el rostro de la victoria que se marcó en tu alma cuando sabías que irías.
El viento sopla constante intentando borrar el camino de la nostalgia. El viejo Pajacuarán se vuelve más viejo y todos se preguntan por ti. ¿Y dónde está la hija?, ¿dónde esta la amiga?, la que debió ser esposa, madre, amante. Ya no está, se fue hace tantos años, se convirtió en un pasado, en una fotografía colgada y relatos de la niñez. Aun existes, está claro, pero no existes en verdad, porque el asfalto del pueblo no siente tu cuerpo, porque los vientos diurnos de las estaciones no se cuelgan de tu voz, porque ya no eres Lola, eres “Loula”.
¿Qué te aprisionaba?, ¿era acaso tan duro ver el sol por las mañanas, escuchar el diálogo de las vacas y de los caballos en el rancho de tu padre?. Hay varias teorías, decían que no eras de este planeta, que fuiste impura, incluso hasta diabólica, esto último lo dijo el padre Ramiro en la misa del primer domingo cuando te fuiste, sus palabas exactas fueron: “el diablo se posesiona de nuestras almas y nos hace tomar decisiones que nos llevan a la perdición”. Yo sé que no estas perdida, sé que tu alma esta en L.A, sé que viste de Levi´s y tenis nike. No, no es el diablo el que cambia tu léxico, es un ingles mal hablado que aun guarda un poco de ti. Razones de seguro hubo muchas, pero ninguna suficiente para calmar a cada mente, a cada uno que hizo hipótesis erróneas y que apostó por la peor.
Pajacuarán no morirá, tú sabes que es eterno, pero entre las montañas que cubren el pueblo y los caminos que inspiran las historias, la tuya cesará tarde que temprano, se guardará en el gran libro del camino, del héroe clandestino que cambió la vida por el sueño. Loula te irás al otro mundo, y, mientras las mentes caerán hacía nuevos peregrinares, liberándose de repente y sin penarlo.
Tu esencia paseará de vez en cuando aunque se por pensamientos, una Cheyenne o un e-mail, por tu hogar, por el número veintitrés de la calle de un héroe que nunca aprendiste en las clases de primaria. Paseará hasta que te consuma la nueva historia, hasta que dejes de pronunciar con claridad…Pajacuarán.

El descaro

-Una corona por favor-, -Hay pura indio joven-. Él era joven, pero odiaba la indio, como odiaba el color rojo, las blusas estraple, los diez de cada mes, tonight tonight de los smashing pumpkins entre otros tatuajes mentales que se había elaborado durante cuatro años y que siempre estarían ahí. –Si supiéramos que todo terminará jodido jamás verteríamos sobre nuestros pensamientos esas cosas que nunca se irán- Pensó mientras el cantinero un poco ya molestó le decía: -tonses qué joven, qué va a querer-. –Un tequila- respondió suavemente sin dejar ver al cantinero que durante ese segundo de respuesta su cerebro hizo un serio análisis de qué lo llevaría más rápidamente al estado buscado. Giró sobre la silla, de esas que muestran el perímetro completo, de esas que de pronto dan la espalda y luego el pecho, de esas que sólo pueden existir en un lugar donde de pronto estas bien, y de pronto ya no lo estás. Había varios parroquianos explayando ideas trascendentales, sus rostros y manerismos lo denotaban, sus voces no porque eran opacadas por “Mandy” de Barry Manilow.
Regresó a la posición inicial, un vaso descontextualizado servía de aposento para un poco de tequila frente a él, se preguntaba cuánto iría a pagar por ese trago, y por el siguiente, el consiguiente y el final, eran cuatro, sabía perfectamente que eran los necesarios para no morir accidentado de regreso a casa, los suficiente para no confundir el rojo del semáforo con un verde y ser detenido por la justicia, lo suficiente para recordar su nombre, lo suficiente como para no llamarle desesperado, diciéndole, -vuelve.
El primer trago tardó un poco en diluirse a través de su garganta, no era que fuese de vírgenes labios y estómagos cobardes, era simplemente que quería disfrutar de cada mililitro de aquella bebida que difuminaría su pena o por lo menos la transformaría.
-No eres tú, soy yo. No sabía que le había molestado más, esa trilladísima excusa, o el saber realmente que no era él, en teoría, porque días antes Gilberto, su primo, le había dicho que la había visto saliendo del cine tomada de la mano de un tipo. Lo creyó, pero lo negó, para él era más sencillo decirse que no, no, no, -no puede ser- pensaba, aunque era. Cuando Natalia le dijo aquellas palabras, se sintió parte de la estadística de estúpidos, de los burlados por una frase que ya debía de estar en desuso, pero ella sin duda fue precisa. No eres tú, soy yo, era cierto, esto porque ella ya no le amaba, no le deseaba, era exactamente ella,la que le había dejado de lado por alguien más.
Al segundo tequila la primer lagrima corrió bajo la canción de “Siempre me dejas”, de “Siempre me dejas”, “pero tú, siempre me dejas” sonaba la melodía con unos rasgueos de notas estéticas salientes de una telecaster con efectos nostálgicos. Aquella canción le hacia llorar, lo convertía en una nena. Se sorprendió, no sabía que alguien más conociera esa canción, giró nuevamente con la silla y el tequila ondeando a medio vaso para ver si alguien compartía su dolor. Dos mesas yacían ya vacías, otros pocos habían bajado la intensidad de sus diálogos. Se quedó observando a todo y a nada por un rato, lo cierto era que la atención de sus ojos se fijaban en una chica que estaba en la otra parte de la barra. La conciencia se fue haciendo presente, la rondaba más frecuentemente, pero su mirada no podía detenerse, se delataría de inmediato. Los detalles insignificantes que recopilaba su vista fueron supliéndose por los rasgos que constituían a aquella mujer. Se volvió todo un analítico, un descarado, un atrevido. Mágicamente la quinta lágrima ya no se dejó venir, su cuerpo ya estaba por completo fijado en la que ya había denominado una belleza. La barra y el mesero sólo le vieron el rostro a intermitencias cuando pedía otra copa. Este ritual se repitió tantas veces que su manifiesto sobre el tequila se había anulado. Su trasero se entumió como si fuese una excusa, se levantó. Ahí estaba, de pie, ridículo, nadie le hacía segunda, y nadie se la haría. Sus piernas cobraron vida propia, su mente se apoderó de él. Se encontraba tan borracho que todo su ser succionó sus fuerzas, un milímetro de él tenía miedo, pero todo lo demás se precipitaba kamikazemente junto con aquella mínima rejega parte hacía la mujer que terminaba de empinar el último trago a una “indio”. –Hola- dijo nuestro personaje, que tontería había cometido, pensó, sería confundido con un patético barbaján, de esos que sólo ven a una linda chica sola y quieren devorarla de inmediato. Quería retractarse, tragarse aquel hola, pero ciertamente sentía que el tequila al raz de su garganta no se lo permitiría. Sonrió pidiendo una interpretación positiva. La chica no le miró, le sabía ahí pero no encontró su rostro con el de él. Sus dedos comenzaron a tocar con nerviosismo a la barra, él giró un poco al bar como si buscase algo, quería darse un poco de tiempo de manera sutil, sabía que el rechazo representaba un 50% de posibilidad en un cortejo, suspiró, trató de dominar el alcohol que ya lo tenía más que dominado a él. Volvió a suspirar, esta vez su mano automática se lanzó sobre la chica en pose de saludo, sus labios intercedieron al acto y volvieron a pronunciar el mismo “hola” de hacía algunos segundos. La chica pareció incomoda y él se aceptó ridículo. Era cierto que su mano estaba tan borracha como él, tanto así que no reconoció pena alguna y se quedó catatónica cual digna estatua. El tiempo, si bien lento, terminó con la burla. Para ese momento se escuchaba la chispa adecuada de “héroes del silencio”. Él pasó un trago de saliva que inquietó al tequila que esperaba pendiente un poco de libertad, se sintió mareado a tal grado que tuvo que sentarse en una silla junto a la chica. El cantinero lo miraba con atención, no le importaba aquel acto, para esas alturas de la noche le era cotidiano el vigilar a los parroquianos para que no se fuesen sin pagar. La visión de nuestro hombre sólo fue comparada con la de muchos otros ante un fracaso. Se escuchó un llanto desmesurado, un dolor claro y preciso, se escuchaba a un hombre borracho despilfarrar lágrimas sin medida alguna. La chica seguía acelerando el movimiento de los dedos como si tocara una pieza de Mozart, como si quisiera que el sonido de la madera contra sus dedos fuese más fuerte que la canción que para aquel entonces ya era la de “lucha de gigantes” de Nacha Pop, pero sobre todo más fuerte que el dolor de él.
La puerta del baño se abrió. Desde cualquier perspectiva del bar se podía ver, un hombre alto, fuerte, guapo y elegante salió secándose las manos, su dirección era clara, predecible, sólo sus masculinas manos lograron parar con la manía de la chica, le sonrió. Por primera vez en nuestro relato ella había desviado la mirada, le vio, se sintió salvada. La rocola se detuvo, ojalá el destino le hubiese dado de inmediato a alguien algunas monedas más para que las cosas no hubiesen pasado de lo cotidiano, el silencio era increíble, era un mutismo colectivo apoderándose del lugar, él, el mismo él que recién había agotado el llanto dio un largo suspiro, su cabeza se despegó de sus brazos al escuchar el rechinido de la silla continua. Un valiente en un acto de inconsciencia heroica depositaba una moneda que daría tres canciones más, sin embargo no fue lo suficientemente asertivo, el chico guapo de nuestra historia tomó a la mujer por el hombro con la finalidad más romántica, él se quedó admirando los pasos que daban uno tras otro hacía la salida hasta que el tequila se vio obligado a salir en forma del denominado vomito, mientras que en todo el bar se alcanzaba a escuchar, -ya es muy tarde Natalia.

"La cuenta por favor"


Su servidor, Laura Avalos y Luis Vaca, quienes somos una pequeña pieza dentro de una gran maquina literaria denominada Colectivo Luis Gustavo Franco; estaremos compartiendo textos propios en el bar "La Peña Pireni Jimpani", esperamos verlos por ahí para disfrutar de buenos textos que inducen a la nostalgia, al recuerdo y a un futuro incierto, el cover será de $20 pesos de recuperación. los esperamos.

Verónica



Estar despierto pareciera ser lo más importante, abrir los ojos y estar pendiente, constante, esperando el primer golpe con un perfil semi-automático, que no da miedo, ni siquiera risa. Tal vez cuestione pero no responde.

Atento a lo que hasta el viento trata de decir, aunque la sobre interpretación sea lo primero, sabiendo que comenzará un cuento, que no tendrá historia, será hueco.

Sabiendo que lo que existe tal vez sea lo correcto, para ellos, para el silencio, para las pocas cosas que trascienden al tiempo, a los momentos, momentos que piensan hasta cuándo y hasta dónde.

Esperando por algo que ya ha llegado, que está ahí, guardado, en un rincón oscuro detrás de nada, que se exhibe y que le huyen, que le temen aun sabiendo que ahí no hay mal, que ahí no hay bueno, que solo hay…

Si fuese cierto que todo es perfecto, entonces ¿por qué cerrar los ojos?, ¿es un deber volver y volver en lo que había ayer?, aun no es tarde. O sí, quizás lo es, tal vez tan sólo se deba admirar el desastre, el arte, lo abstracto y por qué no, hasta lo bizarro. Llámale realidad o como tu quieras… Verónica.

Aun lado, al otro, detrás y hasta de frente, en lo que el rojo se volvió presente, sin aplausos, sin ovaciones, ante ni siquiera miradas ni cortejos, menos premios. Los aplausos se aplazarán hasta el momento en que exista por fin… Verónica.

Ver para creer. Mejor ser ciegos.



El titulo de esta entrada es una metáfora que hace alusión a lo que acaba de acontecer en días pasados con el famoso fútbol mexicano, o sea, la final entre el Pachuca y los pumas, siendo campeones estos últimos. Y no, no me llamen hipócrita, yo también en ocasiones degusto de tal deporte, y me declaro fan del FIFA en sus diversas versiones del playstation 2. Pero si bien he decidido tomar este tema y titularlo de tal forma, es porque simplemente no se puede no hacerlo y, mucho más sin darle el típico tinte de crítica social. Debo en primer plano, decir que me perdí el partido y, en segundo, confesar que en realidad no tenía interés en verlo, sin embargo por la gran relevancia que juega dicho deporte en nuestra cultura mexicana (sarcasmo) nadie queda exento de por lo menos saber que habrá partido y, con mayor razón si es la final del balompié mexicano. Pues bien, el juego se realizó sin importar la apatía de su servidor. ¿El marcador?, en realidad no lo sé, pero se coronó pumas de la UNAM, esto no tendría mucha relevancia decirlo, pero sirve para contextualizar al lector y no confundirlo o hacerlo imaginar de qué colores o qué logos había en las camisetas de los aficionados que daban vueltas a la glorieta de cinco de mayo, acá en la ciudad de Zamora.
Cuando salí del trabajo rogando por una cama que calmara mi cansancio, me voy encontrando a una minoría de aficionados pumas dando vueltas como discos de acetato de las Hilguerillas, una y otra vez cantando su famoso himno, ¡cómo no te voy a querer! Al momento (ni nunca) no compartí su felicidad, y se me hizo aquello una total ridiculez. Ver a jóvenes, niños, padres con sus hijos y una que otra fémina abultando las orejas del puma con sus pechos aseñorados girando sin cesar por dicho monumento, ondeando banderas, eufóricos y casi psicotizados de felicidad pasajera, todo porque un equipo de futbol ganó un campeonato. Lo primero que me vino en mente fue: qué nivel de autoestima tienen esos individuos para lograr tal grado de alegría y para apropiarse de un logró tan burdo, más si se piensa que la única ganancia es la satisfacción de un triunfo, claro, porque sería comprensible una reacción así de los jugadores, del cuerpo técnico, directivo, dueños y demás individuos con relación directa al equipo. Sé que puedo sonar un poco drástico y aguafiestas, pero durante mi trayecto a casa trataba de pensar si las personas ahí presentes o, quienes en algún momento fueron a celebrar un triunfo tan absurdo en aquél lugar, habrán festejado algo digamos, más cercano a ellos, algo que les haya costado meritos propios y que realmente amerite una excitación de tal magnitud. Probablemente sí, sería prejuicioso decir lo contrario, sin embargo, eso no justificaría reacciones tan a mi parecer exageradas ante situaciones no meritorias. El otro día veía en el programa de televisa, los reporteros, un análisis de la violencia en el fútbol, donde una psicóloga, justamente la de la UNAM, mencionaba que dicho deporte es una forma que el individuo tiene para liberarse, por así decirlo de sus problemas cotidianos. Esto me dejó pensando por momentos y traté de entrelazar un poco ese enunciado con lo acontecido por los fanáticos pumas, llegando a otro estructurado por su servidor: ¿Los individuos viven atados en una realidad tan jodida, que toman algo tan simple como un partido de fútbol para gritar como locos y tener reacciones tan patológicas ante algo tan efímero como patear una pelota e introducirla en una red? Repito lo que en un principio comenté, el fútbol no me parece desagradable, de hecho me parece una forma de entretenimiento bastante buena e interesante, pero ojo, digo entretenimiento porque en realidad eso es o debiera de ser, aunque desgraciadamente en nuestra sociedad actual sobrepase los límites de otras cosas de mayor importancia como la educación y la cultura, cosas de verdadera trascendencia y, al rebasar dichos aspectos, es donde su euforia queda fuera de lugar y se convierte en una vil estupidez.

Cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver a veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas. Dan grima, dan lástima, dan ganas de darle a la humanidad una patada en el culo y despeñarla por el rodadero de la eternidad, y que desocupen la tierra y no vuelvan más. Fernando Vallejo, extracto de la novela "La virgen de los sicarios" Alfaguara.

LEER...¿DEBER O QUERER?


Hace un par de días husmeando entre revistas sin sentido, (y digo sin sentido porque eran revistas del magisterio)me encontré con un buen articulo* de mi maestro de creación literaria (a distancia e impersonal pero maestro) Óscar de la Borbolla, en el cual hacía una crítica bastante amena a lo que últimamente se ha querido implementar en México, el famoso fomento a la Lectura. Desde años se ha intentado incentivar a los ciudadanos, en especial a los niños y jóvenes al maravilloso pero muy desconocido mundo de la lectura y, estos intentos, por más fuertes que pretendan (al criterio de nuestros gobiernos e instancias culturales) han sido fallidos.

Digo que la critica de Óscar de la Borbolla fue amena, porque éste relata la importancia de la lectura desde su perspectiva como escritor y profesor de letras y, comenta cómo fue que él se convirtió en lector, siendo la forma la cual lo hizo de manera intuitiva, por así decirlo, acercándose a los libros que existían en su casa, pues en sus años de niñez, no se andaban con jueguitos de fomento a la lectura, quizá por cuestiones de contexto cultural, entendiéndose por esto a las muchas competencias desleales que tiene la lectura actualmente por la invasión de diferentes medios si bien no similares, sí que compiten por la atención de los prospectos a lectores. Dice Óscar de la Borbolla: Me acerqué a ese libro como me acerqué a la primera pelota de mi vida: sin saber. Y tanto con el libro como con la pelota tuve que esforzarme para entender las reglas que me permitiría jugar con ellos. Buena analogía ésta, la cual no es otra cosa más que la reflexión de qué la lectura no es un deber, sino un querer, claro, contiene reglas como la más simple de las actividades, pero que si a ésta se le pone un imperativo de obligación, se desprende de su sentido original. Recuerdo de igual manera una entrevista a Idelfonso Falcones, escritor español, donde hablaba de que la lectura no debe de ser un hábito, pues esto implica que se hace ya no tanto por gusto, sino por la constancia de hacerlo.

Hasta este punto se puede considerar la posibilidad de convertirse en lector el individuo por méritos propios o, más interpersonales, sin embargo y, retomando lo de un principio respecto al fomento a la lectura, éste aspecto también es de importancia, porque es también necesario hablar de la necesidad de la educación en el país como medio de desarrollo, pues por lógica se sabe que la lectura juega pieza clave en el aprendizaje, pero, ("pero" que espero no destituya todo mi texto)aun sabiendo esta necesidad, se sigue con los números rojos en cuanto a personas que leen en el país, dando por resultado, personas ignorantes (tomando la ignorancia como sentido literal, del hecho de ignorar algo, y no como un despectivo). Entonces debemos preguntarnos ¿por qué la gente sigue sin leer?, bueno, hay muchas opciones y, ya que hablamos del segundo aspecto que es el externo al individuo, hay una buena excusa. Les paso unos datos tomados de la UNESCO y del INEGI acerca de la lectura en México:


-Hay una biblioteca por cada 15 mil habitantes. En 1983, sólo había una por cada 240 mil mexicanos.


-Existen 1,178 puntos de venta de libros en la República que comparten el espacio de oferta con otros productos.


-Existen sólo 500 locales en todo el país, donde sólo se venden libros.


-43% de las librerías se ubican en la ciudad de México y su área metropolitana.


-Existe una librería por cada 206 mil habitantes en nuestro país (el índice más bajo de librerías en Hispanoamérica).


-94% de los municipios de México no tienen librerías.


Estos datos son verdaderamente sorprendentes si queremos pensar que se está haciendo una campaña (que ya lleva años) de fomento a la lectura, pues dichos números son tan pobres que parece una broma, más aun, si tomamos en cuenta de que la mitad de estos datos son del sector privado.

No hay que ser tan pesimistas, es cierto, ya que todo tampoco depende de nuestro hermoso gobierno, el cual obviamente tendrá en voces decir que la lectura es prioridad, pero que sin embargo sólo quedará en actos vánales y sin trasfondos, mientras siguen laborando sus mismas empresas culturales que fomentan la lectura y la literatura y, que quizá, con fortuna, año con año con un poco de más impulso. Mientras tanto no debemos dejarle nada a la suerte y, me atrevo a decir que apostaría más por el pensamiento Óscar de la Borbolla y, dejar que nuestra intuición nos guíe, claro, manejando un poco los impulsos y los vicios que se tienen actualmente en cuanto a los distractores que nos rodean, ya que hay que tenerle fe a los libros y un poco de precaución, porque una ves que se tienen en las manos, es muy difícil soltarlos.


*tomado de la revista magisterial Educare.

Otoños

Lentamente recurrí a una excusa, quizá no la más viable, tal vez hasta la más absurda. El calor sofocante era necesario para hacerme ver ridículo, para opacar cualquier sarcasmo intelectualoide que acompañara a mi facha, faceta, temple de escritor.
-Es tarde, me tengo que ir. Dijiste con una sonrisa que ocultaba la risa de mi desdicha.
-Pero si tan sólo son las seis.
-Es tarde para para mi.
La recompensa de aquella despedida fue la vista de tu cuerpo, tu espalda semi desnuda por aquella blusa que contrastaba por el aire frió, aquella que exhibía tus hombros atrevidamente y que conjuntamente mostraba tus curvas geometricamente exactas que dibujaban hasta abajo un par de piernas perfectamente torneadas. Agradecí que tu puerta tuviese tres chapas. Me quedé diez minutos afuera de tu casa, lo supe porque sabes que siempre fui un obsesivo del tiempo, eran las seis y diez. Vi como cada luz de tu casa se encendía y, como de vez en cuando la cortina principal ondeaba junto a una mirada para ver si ya me había marchado.
Una, dos, tres, cientos, miles y quizás millones de gotas se postraron sobre mi. No hubo motivos románticos para aquello, seguro los cambios climatológicos lanzaron esa lluvia inesperada, pero fue tan acertiva que agradecí a la madre naturaleza que me diera el fondo perfecto para un individuo tan patético en una situación tan trillada.
Mis sillones no merecían la infamia que les otorgué, mi cuerpo empapado se recostó por cada milímetro de éstos con el peso que mi alma había acumulado por la tristeza. Levanté sólo tres cuartas partes de mí para acercar el teléfono. Siete y media, la ausencia del típico "ring" de mi viejo aparato ya causaba estragos sobre mí. Intenté llamarte pero no creí que fuera lo indicado. Me aferré a la idea de que llamarías incluso en el sueño que concilie a las tres de la mañana. Más tarde pensé que lo hiciste, seguro así fue, sólo que estaba tan profundamente dormido que no lo escuché. Eso me calmó.
-Nuevo día. Pensé con mi gran excusa. Caminé aquel trazo que horas atrás era un fondo teatral del acto dramático. El otoño ahora sí concordaba con el sonido de cada hoja que crujía debajo de mis pasos.
Ahí estaba frente a tu casa, lo suficientemente temprano para que no me vinieras con lo mismo. Ocho y veinticinco. Esperé cinco minutos más, por protocolo de redondeo. Toqué solo un par de veces, sabía que saldrías, sabía que me mirarías y que desearías un beso mío. Pero aquello era sólo un pensamiento.
No saliste, seguro hubo una razón para no hacerlo durante los siguientes tres años, al cuarto ya no regresé, sé que si estabas, pero yo tuve que irme a otra ciudad, ya sabes, cosas del trabajo, de verdad no quería. Regresé tiempo después, cuando me convertí en un hombre hecho y derecho, si me hubieses visto te hubieras sorprendido, ya no habría hecho el ridículo. Ya no escribía, lo dejé de hacer cuando me di cuenta de que era muy malo. Mi mala suerte siguió siendo muy mala, no te encontraba, por más que te buscaba, por más que la lógica me decía que debías de estar, seguro hubo buenas razones, pero en fin. A veces aun paso por ahí, ya van varios otoños, sigue lloviendo inadecuadamente y me sigo mojando de vez en año a eso de las seis y diez. Mis sillones ya no sirven, la humedad los consumó, así como a mi corazón.

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Acerca de su servidor.

Para los que preguntaban si solo le hago a la farandula, pues aquí un poco de mi curriculúm: soy estudiante de psicología del C.E.S 1ro de Mayo de Michoacán en México, escritor, guionista teatral, fuí editor de la revista universitaria independiente "Ecos", columnista de la revista "Desafío Magazine" en Watsonville California Estados Unidos y colaboré en el programa cultural escaparatv en la sección de literatura. Tengo en mi haber 3 libros "Perspectivas" 2004, (relatos) "Noches Casuales, noches absurdas... Bienvenida la noche" 2006 (poesía y escritos) y "Bienvenidos a San Juan Palmira" 2007 (novela) todos publicados de manera independiente, participo activamente en el colectivo "Luis Gustavo Franco", publico en diarios de manera independientes así como en este mi humilde pero sincero blog.

mi blog tiene hambre de comentarios


Feria del libro de Zamora. Sep 09

El poder de los libros

en la Feria del libro de Tlaxcoapan Hidalgo.

Colectivo Luis Gustavo Franco.

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Colectivo Luis Gustavo Franco y amigos


Día mundial de la poesía, CRAM